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VÍCTOR MANUEL BÁEZ CHINO

 

Banderilla, 1966-Xalapa, 2012
Ahorcado y descuartizado.
Ningún detenido

POR: ITZEL LORANCA

Víctor Manuel Báez Chino destinó en 2002 sus madrugadas a dar clases de nota roja. El periodista recorría con un grupo de jóvenes reporteros las calles frías de Xalapa explicándoles qué información era relevante, cómo pedirla y qué precauciones tomar.

Cuando el arrullo del motor los envolvía en un sueño pesado, Víctor les sonreía desde el asiento delantero: “¡Aguanten!, ¡aguanten!”, los animaba para espantar el letargo de la noche.

“Cuando aprendas a hacer una nota policiaca vas a poder escribir de todo, porque con unos cuantos datos tienes que armar una historia”, recuerda la reportera Verónica Huerta que les decía.

En esos años, la delincuencia organizada y sus vínculos con el gobierno de Veracruz eran poco abordados por los medios de comunicación.

“Lo más grave que podía ocurrir era un choque muy fuerte o una explosión”, señala Brisa Gómez, reportera de la agencia AVC Noticias y locutora en Radio UV de Xalapa, quien conoció a Víctor cuando era jefe de la sección de justicia de AZ Diario.

Durante 25 años, Víctor recorrió como reportero y editor las secciones general, de deportes y de nota roja de periódicos como el Diario de Xalapa, el Diario El Martinense, El Sol de Córdoba y, en el momento de su asesinato, Milenio El Portal.

Gómez recuerda que sobre el escritorio del periodista siempre había un radio sintonizado en la frecuencia policiaca. Nunca faltaban tampoco los cigarros; estrictamente sin filtro.

Víctor poseía una bitácora con los nombres, las fechas de aprehensión, las fianzas y sanciones de los delincuentes comunes, asegura Huerta.

Al cumplirse el primer aniversario de su muerte, en 2013, su amigo Jaime Ríos Otero recordó en un artículo publicado en Oye Veracruz que siempre escribió poesía, versos que firmaba con los seudónimos de Chino o Sad Andeola en el suplemento Estela Cultural del Diario de Xalapa.

Huerta, reportera de la agencia AVC Noticias, recuerda a Víctor en su oficina, rodeado de algunos retratos al carbón que él mismo hacía, recitando el poema “Me encanta Dios”, de Jaime Sabines.

Era reservado con su vida privada, afirma Gómez. A veces llevaba a sus hijos Jonathan y Xany Quetzali a la redacción. “Estaba muy orgulloso de ellos; siempre nos decía cuando pasaban de grado o ganaban algún premio o reconocimiento”.

En 2008, animado por el surgimiento en el estado de medios digitales, creó junto con otros colegas el portal Reporteros Policiacos con el lema “La verdad de la noticia”, asumiendo la dirección del proyecto.

En mayo de ese año, Víctor denunció ante la Fiscalía Especializada en Delitos Electorales y en la Atención de Denuncias contra Periodistas y/o Comunicadores al coordinador de la Policía Intermunicipal Veracruz-Boca del Río por la detención, los golpes y el robo de equipo que sufrió a manos de agentes policiacos cuando estaba cubriendo un desalojo de transportistas en el puerto de Veracruz, informó el diario digital Al Calor Político.

Tras el asesinato en abril de 2012 en Xalapa de la periodista de Proceso, Regina Martínez, y en mayo en Boca del Río de los reporteros Gabriel Huge, Esteban Rodríguez y Guillermo Luna, Víctor y sus compañeros de Reporteros Policiacos tomaron medidas de protección como dejar de firmar algunas notas y cancelar la publicación de otras.

La autocensura se convirtió para los periodistas de Veracruz en el único modo de protegerse ante la impunidad de los homicidios y la criminalización que, en algunos casos, sufrieron las víctimas por parte del gobierno.

En su libro México a cielo abierto, J. Jesús Lemus escribe que aún no aparecían en Boca del Río los cadáveres de los tres reporteros y de la empleada de El Dictamen, Irasema Becerra, cuando Víctor recibió una amenaza telefónica en la que le advertían que “sería el siguiente”. Preocupado, solicitó protección a un comandante de la procuraduría estatal que era su amigo, quien logró que le asignaran dos escoltas durante un mes, lapso tras el cual el periodista consideró que el peligro había pasado.

“Los escoltas dejaron de custodiarlo el 5 de junio de 2012. Siete días después fue secuestrado tras salir del periódico”, escribe Lemus.

Cada año, el 7 de junio, Día de la Libertad de Expresión, el gobernador priista Javier Duarte (2010-2016) ofrecía una comida a los periodistas y organizaba una rifa de diplomados en el extranjero y dispositivos digitales, entre otros regalos. Víctor ganó un vehículo una semana antes de su asesinato.

El miércoles 13 de junio de 2012, hacia las 23:30 horas, cuando salía de las oficinas junto con otras personas, Víctor fue secuestrado por un grupo de hombres armados que lo subieron a una camioneta gris que estaba estacionada frente a su Chevrolet Astra 2000. Sus acompañantes huyeron.

Huerta cuenta que ninguno de sus amigos durmió ese día. De madrugada recibieron la noticia. Los restos de Víctor habían sido hallados en bolsas de plástico negro a las cuatro de la mañana del 14 de junio, en el centro de Xalapa, cerca de la redacción de los periódicos Oye Veracruz y el Gráfico de Xalapa, y los talleres del Diario de Xalapa.

Los forenses descubrieron quemaduras por fricción en el cuello de Víctor, por lo que una de las hipótesis es que fue primero ahorcado y después decapitado y mutilado, escribe el periodista Ricardo Ravelo en Ejecuciones de periodistas: los expedientes.

La procuradora general de la República, Marisela Morales, se comprometió a enviar un “equipo especial” para investigar el asesinato, en el que no descartó la complicidad de funcionarios estatales.

El gobierno de Veracruz, a través de su vocera Gina Domínguez Colio, aseguró que junto al cuerpo de Víctor había un mensaje, que leyó en conferencia de prensa: “Eso le pasa a quienes traicionan y se quieren pasar de listos, atentamente Los Zetas”.

Por el delito de homicidio, la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión dio inicio a la averiguación previa 52/FEADLE/2012, que continúa en la etapa de investigación.

Amnistía Internacional condenó el asesinato. Para la organización, su crimen demostraba que las autoridades tanto a nivel federal como estatal no habían sido capaces de acabar con la impunidad en los ataques contra periodistas, ni parecían dispuestas a ofrecerles la protección que necesitaban.

El 15 de agosto de 2012, el titular de la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) de Veracruz, Amadeo Flores Espinoza, informó que Juan del Ángel Torres y Daniel Reynoso Hernández, integrantes de Los Zetas, habían secuestrado a Víctor y, “presumiblemente”, lo habían asesinado.

Los dos sujetos, aseguró el funcionario en rueda de prensa, murieron el 19 de junio al enfrentarse con elementos del Ejército en Xalapa. Ravelo escribe que testigos del secuestro de Víctor reconocieron el rostro de dos de los delincuentes muertos en el tiroteo, lo que llevó a la PGJE a considerar resuelto y cerrado el caso.

El miedo y la tristeza por la muerte de Víctor paralizaron a los periodistas. No hubo marchas ni reclamos. La pérdida fue sufrida por sus amigos y su familia, quienes declinaron dar entrevistas.

El Gavilán, como era conocido en el gremio, fue enterrado en el cementerio Bosques del Recuerdo entre flores y música norteña.

A la familia de Víctor se le revocó una concesión de taxi que le permitía subsistir tras el homicidio y, según denunció en 2014 la viuda del periodista, Alma Elia Ramírez, el gobierno estatal les quedó a deber 150 mil pesos derivados de un acuerdo publicitario con Reporteros Policiacos. El portal de noticias cerró en 2016.

 

 

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