Oaxaca

TERESA BAUTISTA MERINO-FELÍCITAS MARTÍNEZ SÁNCHEZ

San Juan Copala, 1984-Santa Ana Rayón 2008

San Juan Copala, 1986. Santa Ana Rayón, 2008

Asesinadas con arma de fuego.
Ningún detenido.

Por: DIANA MANZO

Las manos de Paulina Merino nunca están quietas, se elevan junto con sus palabras: “Ya nada es igual, no tengo a mi hija, me la mataron”, dice entre lágrimas al recordar a Teresa Bautista Merino, asesinada hace diez años junto con Felícitas Martínez Sánchez.

Teresa, de 24 años, y Felícitas, de 22, eran dos locutoras triquis que participaban en el proyecto de Radio Copala, “La voz que rompe el silencio”, cuyas transmisiones habían iniciado el 20 de enero de 2008 en el Municipio Autónomo de San Juan Copala (MASJC).

Menos de tres meses después, el 7 de abril, regresaban a la estación de radio comunitaria después del mediodía cuando un grupo armado intentó detener el auto en el que viajaban. El conductor, Faustino Vásquez Martínez, empleado del registro civil de Santiago Juxtlahuaca, aceleró para escapar del lugar y fueron atacados con armas AK-47 en un camino de terracería de la localidad Santa Ana Rayón, en el municipio de Constancia del Rosario.

Teresa y Felícitas fallecieron a consecuencia de las heridas, mientras que Vásquez Martínez, su esposa Cristina Martínez y su hijo de tres años, Jaciel Vásquez, sobrevivieron al ataque.

“Hasta el momento, no sé nada de cómo van las investigaciones porque soy pobre y no hablo español”, dice Paulina en una cafetería de la capital oaxaqueña. “Lo he dejado todo en manos de Dios. Él sabrá castigar a los que me dejaron sin mi ángel”.

Las comunicadoras habitaban en el MASJC, cuyas comunidades —Yosoyuxi, Guadalupe Tilapa, Santa Cruz Tilapa, Agua Fría, Paraje Pérez y San Juan Copala— aspiraban a una forma de gobierno sin partidos políticos, regida por usos y costumbres. Su líder era Timoteo Alejandro Ramírez, quien sería asesinado por paramilitares en 2010 junto con su esposa Cleriberta Castro.

Al MASJC se oponía el Movimiento Unificado de la Lucha Triqui (MULT), fundado en 1981 con el objetivo de unificar al pueblo triqui. Esta organización, que dirigía Rufino Merino Zaragoza, participó en 2003 en la fundación del Partido Unidad Popular (PUP), integrado por indígenas triquis, mixtecas y zapotecos. Ambos grupos querían fortalecer su capital político y asegurarse votos para sus candidatos.

Doña Paulina y la tía de Teresa, María Bautista, albergan sospechas sobre quiénes podrían ser los culpables de los asesinatos, pero temen decirlo. Diez días después de los crímenes, el procurador general de Justicia de Oaxaca, Evencio Martínez, aseguró que las jóvenes habían sido víctimas de un ataque dirigido al conductor del vehículo, integrante de la Unidad de Bienestar Social de la Región Triqui (Ubisort). Actualmente, Vásquez Martínez se encuentra preso acusado de participar en el homicidio de la defensora de derechos humanos Beatriz Alberta (Bety) Cariño Trujillo en abril de 2010.

“Pero no sabemos la verdad”, subraya la madre de Teresa. “Otros dicen que fue por los temas que las muchachas manejaban en la radio, que eran sobre defensa de la tierra, derechos de las mujeres y cuidado del medio ambiente. No sabemos nada, pero mejor ya no le seguimos porque estamos amenazadas”.

En “La voz que rompe el silencio”, que se emitía en el 94.9 de frecuencia modulada, Tere y Feli grababan programas de radio en triqui y en español sobre temas como los derechos de las mujeres y de los niños, los derechos de los pueblos indígenas, la lucha zapatista, y los proyectos del municipio. La emisora también dedicaba espacios a la música tradicional y la cultura triqui.

Un equipo de jóvenes integrado por Yanira, Adolfo, Manuel, Teresa y Felícitas en la producción, y Jorge como coordinador del proyecto, hacía posible Radio Copala, cuya señal llegaba a ocho comunidades: La Sabana, Yosoyuxi, Yerba Santa, Guadalupe Tilapa, Agua Fría, El Diamante, Rastrojo y Coyuchi.

“La cabina de transmisiones se encontraba en el centro de San Juan Copala. Su ubicación impidió que la señal llegara a más comunidades debido a que Copala se encuentra en una especie de cajete que hace que la señal choque en los cerros”, escribe Carmela Cariño Trujillo en “’La voz que rompe el silencio’: Juventud triqui y radio comunitaria”.

La socióloga recuerda que, debido a que no contaba con licencia para operar, era una radiodifusora “pirata” o ilegal. Desde las primeras transmisiones, consigna, se recibieron amenazas de caciques y líderes del MULT, quienes llegaron a afirmar que quemarían la estación.

A la madre de Teresa se le ha dificultado exigir a las instancias de justicia que esclarezcan el asesinato de su hija, debido a que no habla español y a que carece del dinero necesario para trasladarse a la capital oaxaqueña.

“Nosotros somos humildes, trabajamos en el campo y hacemos tortillas, no nos alcanza para pagar un camión y venir a Oaxaca a investigar. Desde el 2015 no sabemos nada del caso; cada año nos acordamos de las muertes, se nos ha hecho muy duro, costoso y difícil. Hasta el momento no hay responsables de los hechos”, asegura.

Doña Paulina muestra una imagen de cuando Teresa cumplió 15 años y afirma con tristeza: “No es fácil hablar de este tema, nuestras hijas están muertas, ya nada ni nadie nos las devolverá con vida”.

Omar Esparza Zárate, amigo de las comunicadoras y viudo de Bety Cariño, recuerda que su primer encuentro fue cuando la emisora comunitaria estaba en proceso de instalación, por lo cual las dos jóvenes vivieron en su casa de Huajuapan de León mientras recibían capacitación en el Centro de Apoyo Comunitario Trabajando Unidos (CACTUS) sobre cómo ser locutoras y operadoras de radio.

El dirigente del Movimiento Agrario Indígena Zapatista cuenta que eran muy platicadoras y risueñas. En las comidas siempre hablaban del tema de la violencia en San Juan Copala, que se agudizó con el surgimiento del municipio autónomo, constituido en enero de 2007.

“La creación del MASJC definitivamente no gustó mucho a los integrantes del MULT, y la estación de radio mucho menos, porque se empezaron a visibilizar temas como la defensa de la tierra y del municipio autónomo, donde no se permitía el ingreso de partidos políticos”, señala Esparza Zárate.

“Algunas personas piensan que somos muy jóvenes para saber, deberían saber que somos muy jóvenes para morir”, era una de las frases que más pronunciaban en sus pláticas. Parecía que presentían su muerte, opina su amigo, debido a que estas palabras fueron grabadas en un mensaje que se transmitía frecuentemente como reflexión de los derechos de las mujeres.

Con su trabajo como locutoras, agrega Esparza Zárate, buscaban crear conciencia a través de un medio de comunicación. “Teresa y Felícitas soñaron con vivir sin caciquismo; las balas que las asesinaron truncaron ese sueño. Los triquis son una comunidad indígena muy compleja. Tras su muerte, muchos huyeron, se fueron para salvar sus vidas y ahora viven desplazados. Yo las recuerdo como dos mujeres fuertes cuyo único pecado fue ser jóvenes, mujeres e indígenas”.

Otro de sus amigos, Marcos Albino, uno de los principales asesores del MASJC, recuerda que eran “muchachas” muy amables, alegres y sociables. Teresa le contó que sufrió acoso sexual por parte de su padrastro, mientras que Felícitas vivía con su madrastra y sentía mucha diferencia de trato con sus otros hermanos, por eso ambas dedicaban gran parte de su tiempo a la radio comunitaria, una labor que compaginaban con sus trabajos.

“Yo soy un desplazado de San Juan Copala”, explica. “A la muerte (en 2010) de nuestro dirigente, Timoteo Alejandro, la radio comunitaria se cerró, y preferí huir junto con otro centenar de triquis. El MULT recuperó los territorios que el ayuntamiento autónomo le había arrebatado, y ahora en las comunidades la vida sigue igual, entre violencia, represión y desplazamientos”.

Albino precisa que el talento y el tiempo que destinaban Teresa y Felícitas a la radio —emitiendo al aire sus programas, grabando cápsulas y haciendo enlaces— permitió que en un mes la audiencia creciera entre las comunidades del municipio autónomo, lo que causó la molestia de los dirigentes del MULT.

Tras el asesinato de las comunicadoras, se quedó Yanira sola en la radiodifusora, tras la renuncia de sus compañeros Adolfo y Manuel, según la investigación de Cariño Trujillo. Durante unos días se suspendió la transmisión, pero poco a poco retomaron el proyecto, agrega, aunque dejaron de realizar programas sobre temas políticos por temor a nuevas agresiones.

La socióloga recupera el mensaje transmitido por los jóvenes el 20 de enero de 2009, al cumplirse el primer aniversario de la emisora: “El gobierno quiere que nosotros sigamos peleando, por eso ha querido echar para abajo nuestro proyecto de autonomía. Es por eso que debemos defendernos y ayudarnos entre nosotros y decir: ‘¡Basta!’”.

El 28 de noviembre de ese año, el MASJC fue cercado por paramilitares. Desde los cerros dispararon y cortaron las líneas telefónicas y los cables del tendido eléctrico. Una vez tomada la presidencia municipal se dirigieron a la cabina de la radiodifusora y destruyeron el equipo. Solo así pudieron callar su voz.

El consejo ciudadano del Premio Nacional de Periodismo otorgó en 2008 el galardón a Teresa y Felícitas en el área de Orientación y Servicio a la Comunidad. Un homenaje póstumo que fue recibido por sus familiares.

En un informe fechado el 23 de abril de 2008, la Comisión para la Defensa de los Derechos Humano de Oaxaca estableció una serie de irregularidades en la investigación de su asesinato: no se registró una inspección ocular de la escena de los crímenes ni se desplazaron agentes, tampoco se certificaron las heridas que tenían los cuerpos ni se tomó declaración a los agentes de la Policía Preventiva que llegaron al lugar. Además, no se hicieron los peritajes en fotografía, química, planimetría y balística solicitados a la Subprocuraduría Regional de Justicia de la Región Mixteca.

Esta cadena de omisiones de los servidores públicos estatales y municipales encargados de la procuración de justicia, concluye el informe, genera impunidad y alienta a las personas a ejercer la violencia para reclamar sus derechos.

Días después de los asesinatos, el 16 de abril, El Universal publicó que, según los compañeros de Teresa y Felícitas, los autores intelectuales del ataque fueron los líderes del MULT-PUP Heriberto Pazos, Rufino Merino Zaragoza y Marcelino Bautista López, mientras que quienes dispararon fueron los hermanos Manuel y Carmelo Domínguez Ortiz, de El Rastrojo, y Pablo Guzmán Ramírez, de Paso del Águila.

Un informe sobre la investigación de los asesinatos señala que, de acuerdo con el expediente penal 01/2012 del Juzgado Mixto de Putla Villa de Guerrero, se dictaron órdenes de aprehensión por homicidio calificado y homicidio calificado en grado de tentativa contra los probables responsables, cuya identidad se encuentra reservada. Hasta la fecha estas órdenes no han sido cumplidas.

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