Tabasco

RODOLFO RINCÓN TARACENA

 

Chiapas, 1957-Villahermosa, 2007
Desaparecido. Declarado oficialmente muerto.
Ningún detenido.

Por: MARÍA DE JESÚS CASTILLO CERVANTES

Siempre alisándose el bigote, Rodolfo Rincón Taracena aporreaba la computadora al escribir sus textos. Con frecuencia eran portada del periódico Tabasco Hoy, en el que trabajaba desde hacía ocho años.

Especializado en la fuente policiaca, amable y bonachón, Rodolfo era originario de Chiapas, donde nació el 5 de julio de 1957. Trabajó como contador público y fue funcionario de Banrural antes de dedicarse al periodismo.

Del sábado en que desapareció en Villahermosa, el 20 de enero de 2007, su esposa Rosalinda Pedrero recuerda que la llamó al mediodía para avisarle que permanecería hasta avanzada la noche en la redacción.

Rodolfo dedicó la tarde a escribir una nota sobre una serie de robos de cajeros automáticos que fueron encontrados, ya vueltos chatarra, en una casa de seguridad, escribe Ángel Vega en el libro Narcoguerra en el edén. Tras recibir una llamada telefónica, a las ocho de la noche le dijo a su editor que saldría a comer unos tacos. No se llevó su cámara ni su grabadora. Fue la última vez que lo vieron.

“Cuando empezaron a pasar los días sin tener noticias suyas, todo fue un caos, la negación del hecho”, cuenta Rosalinda. “Las notas de periódicos que insistían en que lo habían matado, la marcha que organizaron sus compañeros para exigir justicia, poco a poco nos corroboraban que el hombre con el que compartí más de 30 años no volvería”.

Rodolfo fue el primer periodista desaparecido en el sexenio del presidente Felipe Calderón. La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y Reporteros Sin Fronteras exigieron a las autoridades federales y estatales redoblar esfuerzos en su búsqueda ante la pasividad con la que se estaban llevando a cabo las investigaciones.

El director editorial de Tabasco Hoy, Héctor Tapia, declaró a la SIP que el periódico había recibido amenazas del grupo de Los Zetas en los meses previos a la desaparición de Rodolfo. Periodistas y directivos fueron advertidos por los delincuentes de que si continuaban publicando información sobre sus actividades les pasaría “lo mismo que en Quintana Roo”, donde los periódicos Por Esto! y Que Quintana Roo se entere habían sido atacados con granadas.

Con consignas como “¡Rodolfo Rincón, queremos solución!”, cerca de 70 periodistas, miembros de la Unión de Corresponsales de Los Ríos, de la Chontalpa, y de la fuente policiaca, marcharon el 30 de enero desde la explanada de la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) de Tabasco hasta la Plaza de Armas, frente al Palacio de Gobierno, donde fueron recibidos por el mandatario priista Andrés Granier, quien les prometió que se haría justicia. Y remató: “Caiga quien caiga”.

El mismo día en que desapareció, Rodolfo publicó en Tabasco Hoy un reportaje de tres páginas con las ubicaciones de los principales puntos de venta de drogas en Villahermosa, un mercado controlado por el grupo de Los Zetas.

La investigación calculaba que existían cerca de 500 “tiraderos” en la ciudad. Incluía también cómo operaban los vendedores de drogas, sus jerarquías y la presencia cada vez mayor de mujeres en el negocio.

“En su trabajo no me metía. De vez en cuando leía las notas que publicaba sobre robos, asaltos, detenciones. Vivíamos al día (…), siempre estábamos faltos de dinero para pagar el agua, la luz, el teléfono y, en muchas ocasiones, la renta”, relata su esposa.

Por eso, descarta que Rodolfo pudiera recibir dinero de la delincuencia organizada, como declaró José Zacarías Hernández, miembro de los Zetas, en la causa penal 53/2007-IV, consigna Vega en su libro.

El delincuente escuchó decir a otros integrantes del grupo que el asesinato de Rodolfo fue ordenado por Miguel Ángel Payro Morales, el Pelucas, después de que se publicó el reportaje sobre las narcotiendas, que el traficante tenía bajo su cargo. “Lo molestó mucho, ya que le daba 2 mil pesos quincenales para que no sacara nada”, afirmó.

La PGJE de Tabasco declaró oficialmente muerto a Rodolfo tres años después de su desaparición. Otro integrante de los Zetas, Norberto Jiménez Martínez, el Peje o el Puma, contó que el periodista había accedido a reunirse con el Pelucas y, cuando estaba a bordo de su vehículo, fue entregado a otros miembros del grupo para que lo mataran.

Rodolfo, según la versión oficial, habría sido asesinado junto con otras cuatro personas en la quinta El Bambú de un disparo en la cabeza. Los cadáveres fueron quemados y sus cenizas esparcidas en el lugar, de acuerdo con las declaraciones de los detenidos.

Roberto Hernández Cruz y/o Esteban Enríquez Rodríguez, el Dorigan, acusado del homicidio del periodista, murió cinco meses después, en junio de 2007, en un enfrentamiento con policías preventivos en la carretera Villahermosa-Nacajuca.

Las autoridades dieron por cerrado el caso, aunque nunca probaron que los exámenes de ADN practicados a los restos humanos encontrados en El Bambú pertenecieran a Rodolfo. Tampoco han difundido los resultados de la investigación.

Tabasco Hoy, uno de los periódicos de mayor circulación en el estado, concluyó en uno de sus titulares: “La desaparición del periodista sigue sin esclarecerse del todo, y sus asesinos permanecen en la impunidad”.

La averiguación previa AMI/AMPERC/90/2007 integrada por la PGJE de Tabasco y el acta circunstanciada A.C. PGR/TAB/VHSA-IV/10/2007 abierta por la delegación de la Procuraduría General de la República en el estado fueron archivadas.

La desaparición de Rodolfo alertó a los reporteros de la fuente policiaca. Los directores de los medios comenzaron a publicar sus trabajos sin firma, como una forma de proteger su identidad, refieren dos colegas del periodista, que pidieron el anonimato, entrevistados para este perfil.

Aunque desde el 2013 se propuso en el Congreso expedir una Ley para la Protección del Ejercicio Periodístico en Tabasco, aún no se concreta. El gobierno se limitó a presentar en mayo de 2017 un decálogo de acciones con medidas como impartir un taller de sensibilización sobre la labor periodística a alcaldes y funcionarios de seguridad pública.

 

Comparte

Subir