Veracruz

REGINA MARTÍNEZ PÉREZ

Rafael Lucio, 1963-Xalapa, 2012
Muerte por estrangulamiento.
Un sentenciado. El asesino está prófugo.

Por: Norma Trujillo

En los primeros días del invierno de 2011, Regina Martínez viajó a su pueblo para pasar la Navidad con sus padres y su familia. Una orden de trabajo de la revista Proceso recibida en su BlackBerry —que apenas aprendía a utilizar—hizo que regresara a su casa de la colonia Felipe Carrillo Puerto, en Xalapa.

Desde afuera todo parecía normal, pero al entrar vio que del baño salía vapor y el piso estaba mojado, como si alguien se acabara de bañar. A los jabones de tocador les habían quitado la envoltura y estaban ahí, deshechos. Eran los primeros indicios de una amenaza que Regina solo compartió con algunos de sus amigos: “¿La pinche Procu qué va a hacer?”, cuestionaba.

Siempre fue reservada, incluso la noche en que la asesinaron algunos decían que había nacido en Gutiérrez Zamora, otros afirmaban que en San Rafael, varios más que en un pueblo cercano a Veracruz; a nadie nos dijo con exactitud de dónde era, y recientemente la versión que se propagó fue que era originaria de Teziutlán, Puebla.

En su acta de nacimiento aparece registrada con el nombre de Regina Martínez Pérez, nacida el 7 de septiembre de 1963 en la cabecera del municipio de Rafael Lucio, un pueblo que tiene como patrono a San Miguel Arcángel y que, hasta 1932, durante siglos fue conocido como San Miguel del Soldado. Sus padres, María Lorenza Pérez Vázquez y Florencio Martínez Romero, formaron una familia de 11 hijos.

Sus amigos más cercanos, entre ellos Guadalupe López, cuentan que no era fácil que Regina les abriera la puerta de su casa. A veces la acompañaban, después de comer o al regresar de un evento, y siempre les pedía que la dejaran en la esquina de su calle. Aunque le insistían en llevarla hasta su vivienda, nunca aceptaba. Nadie entraba a la intimidad de su hogar.

Era una mujer pequeña, medía menos de 1.50 metros. Tenía un carácter duro, burlón, y era tajante en sus opiniones. Cuando entraba en confianza, platicaba sobre su familia, contaba que no se llevaba muy bien con su hermano mayor, y que traía a la capital del estado a sus papás para las consultas médicas.

A veces cocinaba en las reuniones familiares, como el domingo anterior a su asesinato, cuando les preparó mole y arroz. Luego, al lavar los trastes, se hizo un corte en la mano que le sangró hasta el lunes. Pero lo suyo no era hacer confidencias: Que les cueste a los malditos”, decía, conocer su vida.

Era muy reservada también con su familia, incluso les ordenó:Cuando me pase algo, ustedes digan que ni me conocen”. Por eso, sus padres no fueron a despedirla al panteón Bosques del Recuerdo. De su familia, solo llegaron dos hermanos y una sobrina que observaba desde lejosningún otro pariente se acercó a depositarle una flor, solo sus amigos y conocidos acudieron al cementerio, en el que nada más se escuchaba el sonido de los rehiletes que adornaban las tumbas y, como fondo, el cantar de las chicharras.

Tras estudiar periodismo en la Universidad Veracruzana, Regina comenzó a trabajar como reportera en TV Más, la televisora estatal de Veracruz. Luego se trasladó a Chiapas, donde fue reportera de periódicos como El Sol de Chiapas y Número Uno.

A mediados de los 80 regresó a Xalapa y se integró a la redacción de Política, un diario fundado por Ángel Leodegario Gutiérrez Castellanos y Fausto Fernández Ponte que se distinguió por su línea crítica, en el que permaneció más de 20 años. Ahí le dio voz a los pobres, a los explotados y a la oposición política, como algunos periodistas también lo han hecho en este estado.

Después de trabajar un tiempo en La Jornada, cuando empezó a publicar en enero de 2000 como corresponsal de Veracruz en Proceso, ya era reconocida.

Fueron 12 años de denunciar la corrupción, describir los efectos de los desastres naturales, los atropellos de militares, policías y autoridades civiles contra la población indígena, el uso demagógico del futbol por gobernadores y otros políticos, la violencia desbordada de Los Zetas y del Cártel de Jalisco Nueva Generación”, escribió Verónica Espinosa en Así era Regina…, publicado en mayo de 2012 en Proceso.

Destaca en su artículo la cobertura que hizo Regina del “dispendio y el descomunal endeudamiento” que dejó al término de su administración el priista Fidel Herrera, gobernador de Veracruz de 2004 a 2010. También menciona sus reportajes sobre el caso de Ernestina Ascencio, una indígena de 73 años originaria de Soledad Atzompa, un municipio de la sierra de Zongolica, que murió el 6 de febrero de 2007 tras denunciar que había sido violada y golpeada por soldados. Un crimen que intentó ser ocultado por la versión oficial difundida por el Presidente Felipe Calderón, que aseguró que había muerto por úlceras gástricas provocadas por una anemia aguda.

Regina era impulsiva en su trabajo, se desesperaba si algo resultaba diferente a lo que pensaba. Cubrió la crisis cafetalera de 1982 para Política, así conoció a los campesinos caficultores de la región de Coatepec.

Cirio Ruiz González, consejero titular en el Consejo Regional del Café de Coatepec, asegura que siempre estaba pendiente de lo que sucedía en las comunidades campesinas porque le interesaban sus problemas. “Acudía con nosotros porque decía que tenía que existir pluralidad, autogestión y nada de centrales campesinas como la CNC ni de partidos políticos”.

Recuerda cuando en el municipio de Emiliano Zapata se afirmaba que la Secretaría del Medio Ambiente había autorizado la instalación de un relleno sanitario. La población se inconformó y surgió un movimiento en defensa de los pequeños ríos, aunque finalmente el depósito de basura sería construido en 2004 en Pinoltepec y clausurado en 2015 por contaminar la laguna del Jagüey.

“Se invitó a periodistas, y entre ellos llegó Regina”, cuenta Ruiz González. “Pasó un rato, se acercó y me reclamó: ‘¿No que no hay nada con partidos? Mira’, y me enseñó una manta que decía:El PVEM apoya la demanda de lospobladores de Emiliano Zapata. No al relleno sanitario’. ‘Tú nos invitas y mira, ¿ahora eres del Verde o qué?’, insistió. Yo no me había dado cuenta; por impulso fui con mi navaja y la rompí, sin pensar que los del partido ese me pudieran golpear, pero ella era así: reclamante, dura, aunque a veces también se equivocaba”.

En 1994, tras el levantamiento zapatista, el gobierno de Veracruz buscó reprimir las manifestaciones de campesinos e indígenas, pero en enero el precio del café era muy bajo y los agricultores no habían recibido apoyos, por lo que protestaron en las calles, recuerda Fernando Celis Callejas, asesor general de la Coordinadora Nacional de Organizaciones Cafetaleras.

Regina hizo una crónica y preguntó a los manifestantes sobre lo que estaba pasando en Chiapas. Así se supo que los campesinos de Veracruz estaban atentos a lo que sucedía con el movimiento zapatista”, señala.

También está el recuerdo de los integrantes del Frente Democrático Oriental de México Emiliano Zapata” (FDOMEZ), del socialismo que logró cuajar en comunidades indígenas huastecas de la entidad y que conservan ese marxismo transculturizado y adoptado en su región, pero que en sus conferencias de prensa nos obligaban a esperar a que llegara Regina antes de empezar con sus declaraciones, no sin antes escuchar las protestas de las nuevas generaciones de comunicadores que reclamaban:Si no esperamos tanto tiempo al presidente municipal, ¿por qué a una reportera?”.

“Porque ella estuvo apegada a la realidad, desde lejos porque nunca vino a nuestra tierra, no pudo estar cerca de nuestras comunidades, pero sí tenía respeto a los indígenas y campesinos”, afirma Braulio Morales Pascuala, integrante del FDOMEZ, y entonces salta a su mente cómo en la Huasteca Veracruzana, de los años 80 a 90, hubo una gran represión del Estado hacia quienes se manifestaban, pero aun así, Regina fue una de las periodistas que dio cobertura a sus problemas.

Un pasaje que muestra su persistencia e insistencia, o su “terquedad”, agrega, es aquella noche de 1994 “cuando nos quedamos en manifestación frente al Palacio de Gobierno, entonces gente del gobierno nos metió a un diálogo y la plática se alargaba. Nuestro reclamo era por los dos compañeros asesinados, torturados (Rolando y Atanasio Hernández), a los que les cortaron sus genitales y su lengua los policías del estado; durante el gobierno de Patricio Chirinos Calero no las cumplió, cuando Miguel Ángel Yunes Linares fue secretario de gobierno, y después encarcelaron a dos integrantes porque se fueron a manifestar al Distrito Federal. Entonces Regina, eran las 2 de la mañana y quería cerciorarse, abrió la puerta del salón Juárez en el que nos atendían y los funcionarios se molestaron”.

Regina se recluía los viernes por la tarde en su modesto hogar, en el que había un cuarto grande, una recámara y una cocina pequeña; no reaparecía hasta la mañana del lunes, ya fuera físicamente o por teléfono.

Recuerdo su honestidad, el día en que me confió cómo logró comprar esa casa donde la mataron: una profesora e investigadora universitaria se la había ofrecido tiempo atrás y le había dicho que, si ella quería, se la regalaba. Pero Regina le hizo una contrapropuesta:Mejor se la voy pagando de a poquito”. Así lo hizo y, una vez que le dieron la base en Proceso y obtuvo su liquidación —tras un litigio por su despido— del periódico Política, saldó el monto de la casa, que se proponía escriturar en 2012.

El asesinato

Regina fue asesinada en su domicilio el sábado 28 de abril de 2012. El cadáver tenía lesiones en el rostro y las costillas, y marcas de estrangulamiento. Se determinó como hora de la muerte entre las 4 y las 5 de la madrugada.

Desde los primeros días, la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) de Veracruz —hoy Fiscalía General del Estado— descartó como línea de investigación su trabajo periodístico y aseguró, basada únicamente en la confesión de Jorge Antonio Hernández Silva, el Silva, que el móvil del crimen fue el robo y se produjo por un conflicto pasional.

En la averiguación previa 19/2012/PC, iniciada por la Fiscalía de Investigaciones Ministeriales, se consigna que Regina falleció a causa de “anoxia por estrangulamiento” y que luchó contra su asesino, pero el expediente no responde a interrogantes como a quién pertenecían los restos de piel hallados bajo sus uñas, pues ni el ADN ni las huellas ni las gotas de sangre encontrados en el lugar correspondían a Hernández Silva.

También se desconoce el resultado del análisis de las sábanas de llamadas de sus teléfonos celulares y del contenido de sus correos electrónicos, así como de la investigación de los grupos de interés a los que afectó con su trabajo periodístico, aunque permanece abierta la averiguación previa 34/FEADLE/2012, a cargo de la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión.

Sobre su labor en Proceso, la PGJE citó a declarar a varios de sus colegas. Les preguntó sobre su relación con Regina y qué sabían de sus costumbres, pero como ninguno dijo tener conocimiento de una “amenaza específica” en su contra, se desestimó esa línea de investigación, escribió Jorge Carrasco en Caso Regina Martínez: Solución inverosímil, publicado en Proceso en noviembre de 2012.

El artículo señala que el análisis de la víctima, su asesino y el entorno transformó a la periodista, que dejó de ser una persona reservada, desconfiada y de carácter fuerte, para convertirse en otra “más alegre y entusiasta”. Menciona también el dictamen de los servicios periciales de la PGJE, en el que se concluyó que ese cambio obedeció al “inicio de una relacióno el encuentro con alguien significativo.

En la investigación, hecha durante el gobierno del priista Javier Duarte, no se tomaron en cuenta, como denunció Proceso, las declaraciones de un presunto operador de Los Zetas en Veracruz, Jesús Hernández Rodríguez o Ruiz Rodríguez, el Chilango, quien aseguró que en el crimen de Regina estaban involucrados narcomenudistas de Xalapa.

El 30 de octubre de 2012, la PGJE presentó a Hernández Silva como responsable del crimen. En su declaración aseguró que fue a casa de Regina junto con José Adrián Hernández Domínguez, el Jarocho, quien decía ser novio de la periodista y le pidió que lo acompañara para robarle porque tenía “harto dinero”.

Llegaron cerca de la medianoche. Regina les abrió en bata de dormir, por lo que les dijo que iba a cambiarse; una vez vestida “con una blusa floreadita blanca y con un pantalón de mezclilla color azul subido, con unas chanclas como cafecitas”, los dejó pasar.

Su descripción coincide con la ropa que vestía Regina, excepto que, de acuerdo con el acta judicial del levantamiento del cadáver, calzaba botas café oscuro.

Silva Hernández declaró que se tomaron unas cervezas —los análisis no hallaron presencia de alcohol en la periodista—, y luego Regina bailó con el Jarocho, pero comenzaron a discutir, se golpearon y él terminó arrastrándola al baño, donde la ahorcó con una jerga que estaba en el suelo.

De su casa se llevaron un televisor, dinero, teléfonos celulares y computadoras. Según las autoridades, el monto de lo robado fue de 33 mil 100 pesos.

Un día después, Hernández Silva se retractó ante el juez de su confesión y aseguró que había sido torturado y amenazado. En abril de 2013, la jueza Beatriz Rivera Hernández, del Tribunal de Primera Instancia, lo condenó a 32 años de prisión.

Cuatro meses después, el fallo fue revocado por la Séptima Sala Penal del Tribunal Superior de Justicia de Veracruz por considerar que se violaron las garantías del acusado en el proceso, al no existir una orden de aprehensión para su detención y haberse confesado culpable bajo tortura.

Un amparo interpuesto por Ángel Alfonso Martínez, hermano de la periodista, le fue concedido en junio de 2014 por los magistrados del Cuarto Tribunal Colegiado en materia penal del Séptimo Circuito Federal con sede en Xalapa, que dictaron una nueva sentencia condenatoria por los delitos de robo agravado y homicidio calificado en contra de Hernández Silva, quien fue reaprehendido en Tlaxcala en octubre de ese año. Actualmente cumple su condena. El Jarocho sigue prófugo.

A principios de 2012, Regina se había encerrado en su casa para trabajar, según le contó a amigos cercanos, en un tema de corrupción relacionado con la administración de Fidel Herrera. La tarde del viernes 27 de abril estuvo en su domicilio; alrededor de las diez de la noche, su vecino la llamó para advertirle que su reja estaba abierta. Ella le dio las gracias y le dijo que la cerraría, pero nunca ocurrió.

Su muerte hizo que saliéramos a las calles decenas de periodistas de la capital del estado para protestar y exigir justicia en su caso y en el de otros colegas asesinados. Para el presidente de la Asociación Veracruzana de Comunicadores Populares y de Radio Teocelo, Elfego Riveros, Regina está presente en una de sus frases que, asegura, nunca hay que olvidar: “El periodismo no es para cobardes ni improvisados”.

 

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