Michoacán

RAMÓN ÁNGELES ZALPA

Paracho, 1964-2010
Desaparecido.
Ningún detenido.

Por: SAYRA CASILLAS

Al menos tres llamadas recibió Ramón Ángeles Zalpa la mañana del 6 de abril de 2010, horas antes de su desaparición, de un albañil que requería verlo con urgencia.

Ramón, profesor y periodista, regresaba a su casa de Paracho tras pasar unos días de vacaciones con su familia. Salió alrededor de las 13:00 horas en su Jetta rojo, modelo 2005, para supervisar y pagar los trabajos de construcción de una subsede de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN).

Fue la última vez que lo vieron, relata su hija Guadalupe Ángeles Méndez. El albañil que llamó a su padre era el encargado de “echar el colado” para la obra. Ramón era asesor de tesis en la UPN, que funcionaba en Paracho sin una ubicación fija, y también uno de los impulsores del proyecto de crear la subsede, que ahora está en el olvido.

Días después sabrían que el periodista nunca llegó al lugar, pero un testigo declaró haber visto su coche a la altura de la desviación a Pomacuarán.

Su hija narra que los planes para la edificación, que cobraron fuerza en 2009, acarrearon problemas a Ramón debido a que surgió un supuesto dueño del predio, ubicado en el kilómetro 43+800 de la carretera Paracho-Uruapan, el cual había sido donado por la comunidad para el proyecto. De este asunto tampoco se volvería a hablar después de su desaparición.

Tras un día sin tener noticias de Ramón, su familia denunció ante el Ministerio Público de Paracho su ausencia. Según el informe que brindó en septiembre de 2010 el entonces procurador de Justicia estatal, J. Jesús Montejano Ramírez, durante las semanas siguientes hubo helicópteros que sobrevolaron la zona en su búsqueda y varias patrullas peinaron poblaciones como Paracho, Ahuirán, Aranza, Cheranástico, Araró, Nurio, Urapicho y Quinceo.

La Procuraduría General de Justicia del Estado de Michoacán cerró este año la averiguación previa 130/2010/II/DAE, a cargo de la Unidad Especializada de Combate al Secuestro. El caso se mantiene abierto en la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión (FEADLE) de la Procuraduría General de la República.

La última diligencia de las autoridades fue hace alrededor de cuatro años, y consistió en realizar exámenes de ADN a familiares directos de Ramón para verificar si las muestras coincidían con los perfiles genéticos de cadáveres no identificados localizados en distintos puntos de la geografía estatal y del país, cuyos resultados fueron negativos.

A finales de 2017, ante el nulo avance de la investigación, Esthela, la esposa de Ramón, y sus tres hijos iniciaron los trámites para obtener el acta de presunción de muerte. Este documento era necesario para que Esthela pudiese cobrar una pensión de la UPN y para que pudieran avanzar en las gestiones para la escrituración de su casa, detenidas tras la desaparición de este hombre de 1.65 metros de estatura, tez morena y cabello quebrado, amante del rocanrol y la cocina tradicional.

“La presunción de muerte no significa que el caso esté cerrado; al contrario, todavía esperamos que las procuradurías de justicia estatal y federal nos digan dónde está”, aclara Guadalupe. A ella no le interesa saber quién se lo llevó, sino los motivos que tuvo para hacerlo.

“Estoy segura de que no estaba metido en nada malo, conocía su trabajo”, aclara para deslindar a su padre de cualquier actividad ilícita.

Originario de Paracho, donde nació el 7 de enero de 1964, Ramón empezó a dar clases, apenas cumplida la mayoría de edad, en una escuela primaria de la comunidad indígena de San Pedro Naranjestil, perteneciente al municipio de Aquila, en la costa del estado.

Su trabajo como maestro lo llevó a distintos puntos de la entidad, como Jacona, donde comenzó a ejercer el periodismo de manera empírica a los 25 años en el semanario Guía de Zamora. Luego colaboró en La Voz de Michoacán.

Desde hacía más de diez años era corresponsal del diario Cambio de Michoacán en Paracho y otros municipios de la meseta purépecha. Cubría los “temas del día”, sin una fuente específica, aunque le interesaba profundizar en la realidad de las comunidades indígenas y las carencias que percibía en el sector educativo.

“Ramón tenía muchos intereses, en el buen sentido de la palabra, porque se movía en diferentes ámbitos (en sus coberturas): en el político-partidista, en el movimiento magisterial y un poco también en el movimiento indígena, que empezaba a tener conflictos con los talamontes”, recuerda Raúl López Téllez, ex jefe de información en Cambio de Michoacán.

“Llegó a ser un referente (por su trabajo)”, agrega. “Como todo comunicador que es polémico y que habla de realidades, obviamente en ocasiones hubo reclamos, incluso al diario, por algunas notas que se publicaban, pero creo que cumplió positivamente con su función”.

López Téllez aún se acuerda del día en que Ramón se presentó a una reunión en el diario con una corbata de The Beatles. “Entonces la broma fue que había llegado el quinto beatle”, ríe. “Por lo general, tenía un trato cordial con los compañeros”.

En otro medio estatal, El Sol de Morelia, Ramón firmaba con seudónimo historias sobre tradiciones y usos y costumbres de los pueblos indígenas de la región.

Guadalupe señala que su disposición para cubrir conflictos que otros periodistas se negaban a abordar puso a su padre en situaciones de riesgo. Recuerda una ocasión en que un grupo de comuneros custodió su casa un par de días para protegerlo de cualquier represalia en su contra.

En los meses previos a su desaparición, Ramón escribió sobre el ataque de un grupo armado a una familia indígena en los límites de Angahuan y Nuevo San Juan Parangaricutiro, información que fue publicada sin firma y como un desplegado en Cambio de Michoacán como medida de seguridad.

Al día de hoy, la desaparición del parachense permanece en la impunidad, pese a que su esposa, hijos y amigos, además de organizaciones civiles y compañeros del gremio, mantienen su exigencia a las autoridades para que el caso no se olvide.

Con la desaparición de Ramón se perdió un periodismo que privilegiaba la cobertura de las necesidades de las comunidades indígenas de la región purépecha.

 

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