Oaxaca

OCTAVIO ROJAS HERNÁNDEZ

Tezonapa, 1979-Cosolapa, 2014
Asesinado con arma de fuego.
Ningún detenido.

Por: KAREN ROJAS KAUFFMANN

Cae la noche sobre el corazón de la zafra y la carretera federal 145 es una serpiente que ondea lentamente sobre el sur mexicano, entre los cañaverales y el agua estancada del río Papaloapan.

Sobre el kilómetro 36, a la altura de Acatlán de Pérez Figueroa, el fuego envuelve una pila de caña. Solo falta cruzar un páramo solitario para llegar a Cosolapa, un pueblo que comparte frontera con Tezonapa, dos municipios separados únicamente por una calle, en los que el crimen organizado campa a sus anchas, las fiscalías se lavan las manos y los muertos son ajenos, de otros. De nadie.

La principal actividad en este punto limítrofe entre Oaxaca y Veracruz es, oficialmente, la producción de caña de azúcar, pero los mayores ingresos provienen del tráfico de migrantes y la venta ilegal de gasolina.

Octavio Rojas Hernández creció, trabajó y fue asesinado el 11 de agosto de 2014 en esta frontera. Había cumplido tres meses como jefe de Comunicación Social en el Ayuntamiento de Cosolapa, después de haber sido repartidor de tortillas, voceador, fotógrafo y reportear tres años en el diario A tiempo de Tezonapa.

Desde hacía cinco meses era también corresponsal de la fuente policiaca del periódico El Buen Tono, editado en Córdoba. Un medio que en noviembre de 2011 sufrió un atentado cuando hombres armados rociaron con gasolina las oficinas y les prendieron fuego. En los videos de las cámaras de seguridad aparecen los atacantes, pero la Fiscalía General del Estado de Veracruz no ha consignado hasta hoy a ningún responsable.

Tres días antes de su asesinato, Octavio envió a El Buen Tono dos notas, que no firmó por razones de seguridad, sobre el decomiso hecho por la Policía Estatal de 16 mil litros de combustible robado de Pemex y transportado en camionetas del director de la Policía Municipal de Cosolapa, Fermín Hernández Venegas, quien en abril de 2015 sería asesinado de 13 disparos en la garganta.

Por su trabajo como funcionario, Octavio recibía un sueldo de 4 mil pesos mensuales, mientras que como corresponsal cobraba 20 pesos por nota.

El día en que lo mataron, Octavio acababa de regresar de la inauguración de una obra pública en la comunidad de Palma Sola y se disponía a comer con su familia. Sus dos hijas, Nilda y Abigail, de vuelta de la escuela, ayudaban a su esposa Victoria a poner la mesa.

Nilda recuerda que eran las 3:45 de la tarde cuando llamaron con insistencia a la puerta. Como la casa no tiene timbre, oyeron que, desde la calle, un hombre joven preguntaba por Octavio; cuando le abrieron les dijo que estaba interesado en comprar el Ford Topaz 94 color blanco que tenían a la venta.

Nilda se apresuró a buscar las llaves del auto, y cuando las tres estaban aún dentro de la casa, escucharon cuatro disparos. Afuera quedó el cuerpo del periodista tendido en la calle.

La casa se ubica en la colonia Obrera Santa Fe, a unos metros del Primer Juzgado de Garantía en Materia Penal de Cosolapa. Es una construcción pequeña, rodeada de tambos, donde la viuda de Octavio acumula el agua que utilizan para lavar los trastes.

Las calles no están pavimentadas y, a causa de la ceniza que generan los ingenios La Margarita, Constancia, El Refugio y Motzorongo, se ven grises y fangosas. Para protegerse de los residuos, los vecinos mantienen cerradas las puertas y ventanas a pesar del calor que alcanza los 40 grados.

“Compró la casa con mucho sacrificio antes de ser periodista, vendiendo mezclilla afuera del ingenio Constancia, sobre un cochecito viejo que parecía una lancha y al que llamaba, cariñosamente, ‘el Pájaro Azul’, porque le ayudó a ganar un poco de dinero y tener más trabajo”, cuenta un familiar que pidió el anonimato.

“Octavio, Victoria y sus dos niñas se pasaban los días viajando en el coche”, agrega. “Ahí comían o dormían mientras recorrían las calles de las rancherías cercanas vendiendo ropa. Y aunque sus hijas estaban pequeñitas sufrieron mucho los calores, por eso cuando se estabilizó económicamente quiso recompensarlas comprando la casa”.

Cuenta que la familia no sabe en qué proceso está la investigación sobre el asesinato. Decidimos no saber quién o quiénes fueron. Se lo dejamos a Dios. A la justicia divina, de la que nadie se escapa”.

En 2014 se registraron 300 asesinatos en un periodo de tres meses solo en la zona de Cosolapa, Tezonapa y algunos pueblos aledaños del llamado “triángulo de la muerte”, que abarca los municipios de Córdoba, Tierra Blanca y Tuxtepec, en los estados de Veracruz y Oaxaca, según el portal de noticias blog.expediente.mx.

Cosolapa vivía un conflicto electoral que inició un año antes, cuando Alejandra Carmina Álvarez García, de Movimiento Ciudadano, ganó la alcaldía al dos veces presidente municipal y diputado por el PRI, Gustavo Díaz Sánchez, el Gato.

De 2014 a 2016, durante el periodo de Álvarez García, hubo balaceras, vehículos incendiados, plantones, hasta que en 2017 Díaz Sánchez inició su tercer periodo al frente del ayuntamiento. En ese clima de ingobernabilidad, el ascenso de la delincuencia organizada provocó un aumento de los secuestros y asesinatos de políticos, comunicadores y líderes cañeros.

Julio Valdivia, amigo y colega de Octavio, cuenta que cuando ocurrió el homicidio mucha gente pensó que era él a quien habían asesinado por ser el corresponsal titular de El Buen Tono en la zona.

“Cuando corroboré y me di cuenta de que era Octavio el compañero agredido, no lo dudé. Agarré el coche y manejé en chinga hasta la plaza. Por seguridad dejé ahí mi carcacha y tomé un taxi hasta su casa. Cuando llegué, Victoria abrazaba desesperadamente a Octavio, tendido en el suelo y cubierto con una sábana blanca. No permitía que nadie se le acercara”.

Al verlo, Victoria le gritó que por su culpa habían matado a Octavio, recuerda, pues fue él quien lo animó a tomar la corresponsalía.

Valdivia era el mejor amigo del periodista. A menudo lo visitaba para hablar sobre el trabajo o la familia. Cuenta que Octavio se casó con Victoria en 1996, cuando ambos tenían 17 años. Le enseñó a su esposa el oficio de repartidor de tortillas, por lo que recorría en moto las calles del pueblo para venderlas.

El mismo año de su boda nació su primera hija, Nilda, menudita y amable, noble y trabajadora como Octavio —dice Valdivia—, hoy casi graduada de la carrera de informática. En 1999 nació Abigail, quien este año dio a luz un niño a quien bautizó como Octavio Johan, en honor a su padre.

Organizaciones como Artículo 19 y el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés) señalaron que el asesinato de Octavio se debió a su labor periodística. La Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión (FEADLE) inició la averiguación previa 114/FEADLE/2014, pero el 15 de septiembre de 2015 la remitió a la Fiscalía General del Estado de Oaxaca.

De acuerdo con información oficial, se dictó una orden de aprehensión por el homicidio de Octavio como parte del expediente penal 24/2015 del Juzgado de Cosolapa, pero la identidad del presunto responsable se encuentra reservada.

Antes de que el crimen organizado se adueñara de la zona, Tezonapa y Cosolapa eran un paraíso de vegetación exuberante. Se vivía entre el jaripeo, los huapangos y los poetas decimeros armados de machete, aguardiente y jarana.

Hoy, en cualquiera de los dos municipios divididos por la calle Jiquilpan la violencia es un tema de todos los días. En las cantinas y los hospitales se habla de las víctimas y se socializa un repertorio brutal de detalles, mientras que en el Ministerio Público las hojas de los expedientes se oxidan por la corrupción, la humedad y la falta de aire.

 

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