Nuevo León

MARLÉN VALDEZ GRACIA

Monterrey, 1978-Ciudad Benito Juárez, 2014
Asesinada con arma blanca.
Un sentenciado.

Por: Alba Calderón

Aunque su mayor miedo eran los asaltantes, Marlén Valdez Gracia enfrentó al que sería su asesino: Julio César Gutiérrez, El Chucky, cuando perseguía a su vecina Gabriela Márquez para robarle el celular.

Marlén dio refugio a la joven en su casa pero no logró evitar que entrara el Chucky, un adicto a los solventes de 21 años. Cuando lo encaró, la apuñaló en el cuello y huyó. Denise, vecina también de la colonia Real de San José, en Ciudad Benito Juárez, llamó a emergencias. Luego contaría extrañada que la ambulancia municipal tardó casi 30 minutos en llegar, que los paramédicos llevaban uniforme de policías, y que aunque Marlén se desangraba, no hicieron nada para detener la hemorragia.

A cinco minutos estaba la Unidad de Medicina Familiar 20 del IMSS, pero optaron por llevarla a la Clínica Virginia, en Cadereyta, a más de 15 minutos. Marlén ingresó al hospital sin signos vitales.

“A mí no se me hubiera muerto”, asegura Miguel Óscar Pérez, su jefe de información en el semanario La Última Palabra de Cadereyta, donde Marlén trabajaba desde hacía cuatro años.

Llegó al lugar del ataque cuando la ambulancia ya había partido. No puede olvidar ese 20 de agosto de 2014, la sangre en la banqueta, una muerte que considera absurda.

Define a Marlén como una reportera hiperactiva, rebelde, severa en sus cuestionamientos a los funcionarios. “Casi de todo hacía notas; teníamos que dejar fuera mucho de su material”.

Lo mismo podía narrar, frente a la cámara, la historia del clásico corrido Laurita Garza que escribir un reportaje sobre corrupción. Un mes antes de su asesinato denunció que el cabildo de Juárez había adjudicado irregularmente un contrato por 32.2 millones de pesos a Ralmica Constructora para obras de repavimentación que no se habían realizado. Señalaba como responsables a funcionarios del alcalde panista Rodolfo Ambriz.

Marlén escribía también sobre su equipo de béisbol favorito, Los Sultanes de Monterrrey, para el diario El Regio, y era cronista de los juegos de la liga municipal de San Nicolás de los Garza.

En 2011 fundó en su casa el proyecto “Sueños de Niños”, con el que becaba a estudiantes y entregaba despensas o materiales médicos a personas de escasos recursos. Conseguía apoyos con funcionarios municipales y entre sus amigos.

Gabriela García trabajó junto a Marlén en el semanario La Espiga de Santa Catarina. Recuerda que era perseverante, franca y de carácter fuerte. “Tenía sus metas muy fijas: ‘me quiero ir de viaje a esta parte, quiero sacar esta nota’”, cuenta sobre su amiga.

Marlén era la mayor de dos hermanos. Gloria, su madre, no quería que fuera periodista. “En mi rancho dicen que por estudiar eso te piden los jefes algo más”, le advertía.

Cursó primero una carrera técnica de comercio, por petición de Gloria, y después se inscribió en la Universidad Metropolitana de Monterrey para estudiar periodismo. Antes de terminar la carrera en 2005, inició sus prácticas profesionales como locutora en una estación de radio, luego trabajó un tiempo para TV Azteca.

Era soltera, con casa propia, pero dormía todos los días con su mamá. A veces, Gloria viajaba hasta hora y media en transporte público para no dejarla sola. “Tenía mucho miedo a los rateros”, recuerda entre lágrimas.

Un año después del crimen, El Chucky fue declarado inimputable por considerar que la droga que consumía le produjo esquizofrenia. Se le sentenció a 20 años de tratamiento psiquiátrico en el Cereso de Cadereyta.

Gabriela y Marlén dejaban el miedo atrás en sus coberturas: “¡Si nos toca nos toca!”, decían. Todo cambió con el asesinato: “¿Con qué seguridad te puedes mover si terminan matando a una mujer que defiende a otra?”.

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