Veracruz

JOSÉ MOISÉS SÁNCHEZ CEREZO 

Veracruz, 1965-Medellín de Bravo, 2015
Secuestrado y asesinado con arma blanca.
Dos sentenciados.

Por: VIOLETA SANTIAGO

Desde joven, José Moisés Sánchez Cerezo quiso ser periodista, pero la falta de ingresos lo llevó por otros caminos: cartero, vendedor de periódicos, chatarrero; incluso instaló una tienda de abarrotes en su casa que él mismo atendía.

Tras concluir la secundaria tomó cursos por correo en el Instituto Didáctico de Derecho de Ciencias y Humanidades, en la Escuela Superior de Dibujo y en la Primera Escuela Argentina de Detectives. En su biblioteca había libros de derecho, medicina y artes marciales, pues era admirador de Bruce Lee y tenía unos chacos con los que le gustaba practicar.

Creó La Unión… en el puerto de Veracruz antes de cumplir los 16 años, un proyecto que se consolidó en 1990 como La Unión… La voz de Medellín, cuando por su trabajo como cobrador de cuentas de una empresa de venta directa, Moisés se mudó con su esposa María Ordóñez a Medellín de Bravo, un municipio de la zona metropolitana de Veracruz. En esos años, la publicación era un volante informativo que escribía a mano y luego fotocopiaba para repartirlo gratis en plazas y mercados.

Con el uso de la computadora, La Unión… se extendió a doce páginas, con un tiraje de 800 a mil 200 copias. Aparecía de manera irregular, cuando el periodista lo podía costear. Su objetivo fue la denuncia social, evidenciar los abusos de las autoridades y la falta de servicios públicos.

Para quienes no alcanzaran a recibir el ejemplar, Moisés hacía una síntesis de dos páginas que pegaba en tiendas de abarrotes y otros comercios de Medellín; también salía a vocear las noticias en las colonias. Con la irrupción de las redes sociales creó un blog de La Unión… y publicaba además información en su cuenta de Facebook.

La primera vez que lo amenazaron —a punta de pistola— fue durante la alcaldía del perredista Aquiles A. Rodríguez Exsome (1998-2000). El político aseguró que habían construido mil metros lineales de banquetas, pero cuando Moisés las midió, pudo comprobar que eran menos.

De fe evangélica, se guiaba por un lema: “Vivir con miedo no es opción”, recuerda su hijo Jorge, que en el 2000 agregó a la portada. No cubría casos de la delincuencia organizada, aclara, pero compartía fotos y testimonios de protestas ciudadanas, en las que también participaba.

Sergio Aldazaba y Ana Osorio, periodistas de la zona conurbada Veracruz-Boca del Río,  destacan su labor como activista. Recuerdan cómo se unió a las protestas por el asesinato, en julio de 2013, de Joshua Alexander Fierro, un bebé de 15 meses al que unos ladrones que entraron a robar a su casa le dieron un machetazo en la cabeza.

Moisés se acercó a los reporteros y les proporcionó la información que necesitaban antes de acompañar al cortejo fúnebre hasta el panteón de El Tejar, una localidad de Medellín.

La mayor parte del trayecto, recuerda Osorio, permaneció en silencio, pero cuando la procesión pasó frente al Palacio Municipal y la comandancia de Policía, se unió a los reclamos por la inseguridad. “Lo vi mal, le calaban mucho esas cosas y al final preferí no acercarme porque tenía miedo de que nos pusiéramos a llorar”.

La periodista cuenta cómo Moisés la apoyó durante los años en que le tocó cubrir el municipio de Medellín: le avisaba marcando y colgando —no tenía dinero para una llamada y entonces no había WhatsApp— si ocurría algún hecho importante o se organizaban protestas.

“Era demasiado noble, nos ofrecía toda la información sin preguntar”, subraya Aldazaba. “También era muy nervioso, siempre movía las manos”, agrega Osorio.

Su último trabajo fue como taxista en un Tsuru con el logo de La Unión… Muchas veces pagaba la cuenta diaria de su bolsillo porque se iba a reportear en lugar de “pasajear”. “Invertir en lo que le apasionaba le generaba un gasto y disminuía su tiempo de trabajo”, dice Jorge; por eso, Moisés vivía en una casa de paredes sin repellar y cortinas en lugar de puertas.

Para el panista Omar Cruz Reyes (2014-2015), el periodista acuñó el mote del “alcalde mentiroso”. Leticia Núñez, reportera de Veracruz, cuenta que el 15 de enero de 2014 fue invitada a un “miércoles ciudadano” en Medellín, donde Moisés acudió con un micrófono y, ayudado por un altavoz, le reclamó al edil la decisión “inconstitucional” de condicionar el cobro del predial al pago previo del servicio de recolección de basura.

“Omar estaba sentado y nada más se le veía la cara de incomodidad”, recuerda Núñez. El 28 de enero, después de una serie de protestas, se decidió cancelar el “injusto” cobro del servicio.

En marzo de ese mismo año, Moisés publicó en su blog que el alcalde había “metido las manos” para evitar que fuera elegido agente municipal de El Tejar, puesto al que aspiraba. “Omar quiere a un títere (…) para así poder derrochar los recursos y nadie le reclame nada”, escribió.

El 14 de diciembre, el periodista dio a conocer en su cuenta de Facebook la integración de un comité de autodefensa en la colonia Gutiérrez Rosas de El Tejar. Los vecinos, filmados en la noche, sin mostrar sus rostros y armados con machetes, se quejaban de la creciente inseguridad. “Ya que no entran las autoridades”, advertía una voz de mujer, “nosotros mismos vamos a hacer justicia”.

La víspera de Año Nuevo, Moisés se enteró de que el alcalde planeaba “darle un susto” y se lo contó a su esposa y a Jorge. Hablaron sobre el peligro que corría, pero el periodista no pensó que le fuera a pasar nada, les dijo que preocuparse solo hacía el asunto más grande. El 2 de enero de 2015, dormía en su casa cuando seis hombres armados lo secuestraron; también robaron su cámara Nikon D40, su tableta, su celular, su computadora. Se le escuchó pedir que no lastimaran a su familia.

El 24 de enero, en el vecino municipio de Manlio Fabio Altamirano, hallaron en bolsas negras su cuerpo desmembrado tras la confesión del expolicía Clemente Noé Rodríguez. Moisés descansa en el Panteón de Veracruz, junto a la tumba de su madre.

La Fiscalía General del Estado de Veracruz se hizo cargo del caso, hasta que en 2016 una jueza federal ordenó que fuera atraído por la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión (FEADLE).

Rodríguez aseguró que Moisés había sido degollado la misma noche de su secuestro; en pago, su banda podría traficar droga libremente por el municipio. El asesinato, según el procurador estatal Luis Ángel Bravo, fue ordenado por Martín López Meneses, subdirector de la Policía Municipal y chofer de Cruz Reyes.

El alcalde, acusado de la autoría intelectual del crimen, fue desaforado por el Congreso del Estado, pero huyó antes de ser detenido. En noviembre de 2015, un amparo permitió la liberación de López Meneses.

Dos motopatrulleros acusados del homicidio, Luigi Heriberto Bonilla y José Francisco García, fueron sentenciados el 23 de marzo de 2018 a 25 años de prisión. La investigación permanece abierta.

La Comisión Nacional de Derechos Humanos brindó asesoría y acompañamiento a la familia de Moisés desde los primeros días de su secuestro. Tras su muerte recibió protección policial por parte del gobierno estatal.

Cuando aún se creía que era posible hallar con vida al periodista, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos solicitó medidas cautelares que garantizaran su seguridad y, posteriormente, condenó su asesinato.

Jorge ha seguido publicando La Unión… con una periodicidad eventual, principalmente a través de redes sociales, conservando su espíritu de denuncia.

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