Nayarit

JAZMÍN MARTÍNEZ SÁNCHEZ

Rockford, 1986-Ixtlán del Río, 2015
Secuestrada y asesinada a golpes.
Dos sentenciados. Dos prófugos.

Por: KARINA CANCINO

La noche del 31 de diciembre de 2014, una banda de secuestradores capturó a la periodista Jazmín Martínez Sánchez y a su esposo, el ingeniero civil Alejandro Ramírez Topete, cuando viajaban de Tepic a Guadalajara, donde la joven visitaría a su abuelo Tati para cumplir la promesa de estar a su lado en la celebración.

Ese día, Alejandro había tenido mucho trabajo y no quería viajar, pero Jazmín insistió para no faltar a la cita con su abuelo, cuenta la madre de la reportera, Mercedes Sánchez.

“Ni ella ni yo pensamos en el peligro, y nunca creí que se irían tan tarde. Jazmín decía que las promesas, si se hacían, debían cumplirse. Si algo detestaba eran las promesas incumplidas”, recuerda Mercedes.

La pareja salió de Tepic alrededor de las 5 de la tarde. Circulaban por la autopista hacia Guadalajara, entre Ixtlán del Río y Plan de Barrancas —una zona en la que son frecuentes los asaltos—, cuando su auto sufrió una avería. Eran cerca de las 9 de la noche cuando Jazmín avisó a su hermana Mariana que llegarían más tarde de lo planeado; fue la última vez que escuchó su voz.

“Mi familia todavía está en la etapa de ‘no hablemos de esto’, sobre todo con mi papá (como llaman a su abuelo Tati)”, dice Mariana. “Con mi mamá hablamos un poquito más del asunto y lo sobrellevamos en bola”.

Jazmín fue editora del noticiero NTN de Televisa Tepic desde el 5 de enero de 2009 hasta el 16 de enero de 2014; además, producía y presentaba las cápsulas culturales del canal. Renunció a la empresa cuando le negaron un permiso de un año para estudiar la maestría en Ciencias para el Desarrollo, Sustentabilidad y Turismo en la Universidad Autónoma de Nayarit, y eventualmente viajar a Uruguay para preparar su tesis.

Tras concluir la carrera de Ciencias de la Comunicación en el ITESO de Guadalajara, Jazmín colaboró en el Centro de Justicia para la Paz y el Desarrollo, haciendo monitoreo de medios en el área de comunicación social, y fue reportera en El Informador. Después se trasladó a Tepic.

De lunes a viernes, por las tardes, Jazmín revisaba el contenido gráfico del noticiero; la orden era evitar las imágenes explícitas de violencia.

“Con cuantas imágenes dolorosas tuvimos que trabajar… siempre recordando que ese cuerpo destrozado es el hijo, amigo, hermano, padre de alguien. Esto no pasa en países lejanos, en guerra, (pero) ocurre aquí a diario, en mi México”, reflexionaba en un mensaje de Facebook publicado el 9 de octubre de 2014.

La versión oficial sobre su asesinato, según la Fiscalía General del Estado de Nayarit, establece que alrededor de las 20:30 horas del 31 de diciembre de 2014, el automóvil marca Honda en el que viajaban Alejandro y Jazmín tuvo un problema mecánico y detuvo su marcha a la altura del municipio de Jala, sobre la autopista a Guadalajara.

Ahí fueron interceptados por tres sujetos que les ofrecieron ayuda, pero cuando se bajaron del coche los obligaron a subir a una camioneta en la que fueron llevados a un predio ubicado a 400 metros del puente Nayar, en el municipio de Ixtlán del Río; desde ese lugar, los delincuentes llamaron a sus familiares para exigirles 2 millones de pesos por su rescate.

El 2 de enero, los secuestradores asesinaron a la pareja, cuyos cuerpos, según la Fiscalía, fueron encontrados a dos kilómetros del crucero de Jala y a 400 metros de la carretera.

Tras denunciarse la desaparición del matrimonio, el entonces fiscal del estado, Édgar Veytia —actualmente preso en Estados Unidos acusado de narcotráfico—, movilizó a “todas sus divisiones” y al helicóptero El Apache. El 3 de enero se capturó a Ramón Cruz Aguilar, la Momia, y a Luis Alberto Espinoza Espinoza, la Mónica, acusados del secuestro y asesinato de la pareja. Otros dos delincuentes escaparon.

“Los prófugos han sido identificados por sus alias como el Piolas y el Millón, presunto líder de la banda, quienes de un momento a otro serán ubicados y detenidos por este abominable crimen”, informó la Fiscalía, sin que hasta el momento hayan conseguido capturarlos.

En conferencia de prensa, el día 4, la Fiscalía presentó a los plagiarios. Declararon que estaban bebiendo en casa de uno de los inculpados cuando decidieron ir por “algo de dinero”. Fue así como dieron con el vehículo descompuesto y dos jóvenes urgidos por llegar con sus familias para celebrar el Año Nuevo.

Cruz Aguilar declaró que, al principio, le aseguraron a la pareja que si cooperaban no les iba a ocurrir nada. Luego el Piolas, por temor a ser denunciados, ordenó asesinarlos. “Hay que matarlos para que no nos reconozcan y no nos echen a la ley”, dijo, según el detenido.

La causa de la muerte no se hizo pública, solo lo que Cruz Aguilar afirmó: “El Piolas dijo: ‘Para no echarnos la sal, hay que matarlos con una piedra’. Él mató al muchacho y yo maté a la muchacha’”.

Ya habían asesinado antes, relataron, a un taxista que secuestraron en Ixtlán del Río, y a un joven que hallaron en la autopista con el auto averiado, cuyas osamentas, pensaba la Fiscalía, podían corresponder a las encontradas junto a los cuerpos de la pareja.

“Nunca quise leer el expediente”, dice Mariana. “He escuchado cosas, pero no tengo certeza de cuál fue la causa de la muerte”.

En julio de 2016, el juzgado de primera instancia del municipio de Jala condenó a 125 años de cárcel a Cruz Aguilar y a Espinoza Espinoza por el secuestro y asesinato de la pareja. Purgan condena en el penal Venustiano Carranza de Tepic.

Días antes de fin de año, Jazmín había terminado de grabar un documental en el que reflejaba cómo la violencia del crimen organizado en Nayarit afectaba a los jóvenes, el cual no pudo ser rescatado de su computadora.

Su amiga Silvia Cruz, scouter —jefe de tropa— en el grupo 1 en Tepic, le encargó este trabajo para promover los valores y la paz.

Jazmín también era scout; llegó hasta el clan Tamaitzincas para hacerse scouter, y ahí conoció a Alejandro, con quien se casó en 2012.

La hermana de la periodista cuenta que Jazmín guardaba todas las rosas que su esposo le regalaba. La madre de Alejandro conserva los frascos con las flores y los pétalos, así como las cartas y los muñecos que le dio.

Silvia recuerda a su amiga como una persona pacifista, que temía a las cucarachas. Su mayor miedo, asegura, era fallarle a su familia.

Nacida el 3 de noviembre de 1986 en Rockford, Illinois, debido a una estancia laboral de sus padres, Jazmín vivió en Tepic desde principios de 2009 porque le ofrecieron trabajar en Televisa y le gustaba la ciudad.

Una de sus pasiones era el café, su olor y sabor. Se proponía visibilizar las difíciles condiciones de trabajo de las comunidades productoras en Nayarit, que documentó en materiales que su asesinato impidió hacer públicos.

Mercedes fue el pilar más importante en el desarrollo de la carrera de Jazmín y la de sus hermanos Armando y Mariana. Desde hace 10 años vive en Estados Unidos, donde su trabajo como empleada doméstica le permitió contribuir al pago de las becas y créditos educativos de sus hijos; el padre de la reportera murió de un paro cardíaco.

La violencia en Nayarit se agudizó entre 2010 y 2011 —con los priistas Ney González en el gobierno del estado y Roberto Sandoval en la alcaldía de Tepic— con enfrentamientos entre grupos criminales, asesinatos, desapariciones y secuestros; las estadísticas oficiales registraron 808 muertes en ese periodo relacionadas con la delincuencia organizada.

Tras la designación de Sandoval como gobernador, con Édgar Veytia como subprocurador de justicia —luego fiscal general—, la cifra de homicidios se redujo a 63, y durante su sexenio se mantuvieron a la baja los índices de asesinatos y secuestros.

En 2015, el secuestro de Jazmín y de su esposo cobró una gran relevancia por la importancia de la empresa en la que trabajó, además de que los grupos de scouts presionaron a las autoridades para la solución del caso.

La familia de Jazmín solo vuelve a Nayarit para realizar trámites legales relacionados con la periodista, se mantiene alejada de los medios y de la vida en Tepic para intentar curar el dolor que le causó su asesinato, reflejo de la inseguridad que existe en el estado y que puede alcanzar a cualquiera en el camino.

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