Baja California

FRANCISCO JAVIER ORTIZ FRANCO

Dolores Hidalgo, 1954-Tijuana, 2004
Asesinado con arma de fuego.
Ningún detenido.

Por: MARIANA MARTÍNEZ

El 14 de mayo de 2004, un reportaje escrito por Francisco Javier Ortiz Franco se publicó en la portada del semanario Zeta, medio en el que había trabajado como reportero y editor desde su fundación en 1980.

El reportaje titulado “Más de 70 mil dólares costaron las credenciales de sicarios del CAF” (Cártel Arellano Félix) venía acompañado de un afiche elaborado por el FBI con las fotografías de 27 narcotraficantes y homicidas de este grupo delictivo. “Explicaba cómo todos habían recibido identificaciones que los acreditaban como agentes ministeriales de Baja California”, recuerda un artículo publicado en Zeta en 2016.

El texto exponía a una Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) infiltrada hasta el tuétano por la organización criminal: “El hallazgo de los nuevos integrantes del Cártel Arellano Félix, con fotografías y nombres de quienes después serían la generación que nos llevó a la violencia –Teodoro García Simental, Arturo Villarreal Heredia, Jorge Briceño–, deja claro el tipo de investigaciones que estaba haciendo Francisco”, explica Adela Navarro, codirectora de Zeta.

El texto tenía el sello que Ortiz Franco le imprimió siempre a su trabajo, como recuerda su compañero en la carrera de Derecho en la Universidad Autónoma de Baja California y luego colega periodista, Miguel Cervantes Sahagún: “Los reportajes debíamos tenerlos siempre completos, sin que hubiera cabos sueltos. La consigna era que todo (texto) tenía que salir blindado”.

A ese reportaje se le señala como la causa del asesinato del periodista el 22 de junio de 2004 en Tijuana. Habían sido semanas complicadas para Pancho –como lo llamaban en el semanario–. Luego del suicidio de su gran amigo Iván Baylón sufrió una parálisis facial que lo alejó del trabajo por más de 20 días y acudía a rehabilitación física.

La mañana del crimen, dos de sus tres hijos: Héctor de diez años y Andrea de ocho, lo acompañaban a su tratamiento. Los niños se acomodaron en la parte de atrás del auto, y cuando Francisco se ponía el cinturón, se le emparejó una Cherokee negra desde donde le dispararon cuatro tiros a la cabeza.

A Jesús Blancornelas, entonces director de Zeta, le avisaron del asesinato, ocurrido a dos cuadras del edificio de la PGJE.

“Ese día, cuando sacamos la edición, Blancornelas me dijo: ‘Adela, ya se acabó, tengo que cerrar este periódico. ¿De qué manera quiero entender que en este país no se puede hacer periodismo como el nuestro?, ¿qué quiero?, ¿qué te maten a ti ahora?’”, recuerda Navarro. “Hubo mucho llanto en la redacción”.

El dolor de Blancornelas se volvió columna, la única donde confiesa arrepentirse de haber fundado Zeta, un referente del periodismo independiente en el norte del país. Ese mismo día renunciaron dos editores, como poco después lo haría Lauro —el hermano de Francisco, que trabajaba como fotógrafo—, y la redacción publicó desde entonces la edición del viernes en su memoria.

Dos meses estuvo el caso en la PGJE —la misma que el periodista exhibió como coludida con la organización criminal—, antes de que fuera atraído por la PGR. El 18 de agosto, el subprocurador general José Luis Vasconcelos y el procurador de Justicia estatal Antonio Martínez Luna señalaron al CAF como responsable del homicidio.

En Zeta se volcaron a investigar el crimen y desde entonces se decidió, como medida de seguridad, no firmar las investigaciones sobre narcotráfico. La redacción exploró desde una posible traición de dos fuentes anónimas, hasta una intervención del priista Jorge Hank Rhon —quien ese año se convirtió en presidente municipal de Tijuana—, pues Francisco se proponía reabrir el expediente del homicidio de Héctor Félix Miranda, asesinado en 1988 por guardaespaldas del político.

El trabajo de Zeta finalmente se concentró en la línea de investigación que señalaba como autor intelectual del asesinato a Arturo Villarreal Heredia, uno de los “sicarios” que expuso el periodista en el reportaje con fotos que los sacaron del anonimato.

Villarreal Heredia fue detenido junto con Francisco Javier Arellano Félix, El Tigrillo, el 14 de agosto de 2006, a bordo del yate Dock Holiday, que había zarpado ese mismo día de La Paz y usaba bandera estadounidense. Ambos narcotraficantes fueron juzgados en San Diego por otros crímenes.

“Cuando lo detienen en 2006, la fiscal Laura Duffy, entre los argumentos que dio al juez (Larry) Burns en la Corte Federal del Distrito Sur de California, dijo que era el principal sospechoso de haber mandado asesinar al periodista Francisco Javier Ortiz Franco en Tijuana; fuera de eso, en México no hay ninguna otra mención”, lamenta Navarro. Hasta la fecha, nadie en el país ha sido imputado por el crimen.

En 2014, un estudiante de leyes cruzó las puertas de Zeta para pedir trabajo. Era Héctor Ortiz. El hijo de Francisco cuenta que fue recibido “como familia”, y así, sin experiencia, le dieron su primera orden. Trabajó en temas de interés general hasta principios de 2018.

Héctor subraya las lecciones de ética que le dejaron sus años en Zeta, medio al que no descarta volver. “La regla es buscar siempre todas las versiones posibles. (…) Cuando Zeta toma un tema lo hace para agotarlo, de manera que los demás medios nada más puedan, hasta cierto punto, repetir lo que nosotros ya publicamos”.

El parecido físico con su padre es sorprendente. También es sereno y pausado, como recuerda al periodista su colega Miguel Cervantes Sahagún.

Un texto de homenaje publicado en Zeta en 2015 recuerda a Francisco como un hombre ecuánime, que pugnaba por el equilibrio en la información, alguien que era considerado “la conciencia mayor” del semanario: “Amaba a su familia, la lectura, le gustaba enseñar y le enojaba la incompetencia”.

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