Coahuila

ELISEO BARRÓN HERNÁNDEZ

 

Ejido Paso del Águila, 1973-El Valle de Eureka, 2009
Secuestrado y asesinado con arma de fuego.
Cinco detenidos.

Por: TALÍA ROMERO

Eliseo Barrón Hernández fue secuestrado alrededor de las 8 de la noche, cuando veía la televisión con su esposa Judith y sus dos hijas en la casa que habitaban en el fraccionamiento Parque Hundido de Gómez Palacio, en Durango.

Su amigo y compañero de trabajo en Multimedios Laguna, Luis Rivera, debió ser la primera persona que se enteró de lo ocurrido ese 25 de mayo de 2009.

“Estaba conduciendo el Telediario Nocturno cuando me timbró el teléfono, era el número de Eliseo. Se me hizo raro porque él sabía que estaba al aire. Mando a la pausa, respondo y era su esposa gritándome: ‘Luis, se acaban de llevar a Eliseo, se metieron a la casa y se lo llevaron’”.

Su cadáver, con disparos en el pecho y huellas de tortura, fue arrojado por sus asesinos al canal de riego Sacramento, en el ejido El Valle de Eureka, donde fue hallado a la mañana siguiente.

Ingeniero agrónomo de profesión, Eliseo nació en el ejido Paso del Águila, del municipio de Torreón, en 1973. Primero trabajó en el diario Zócalo de Ciudad Acuña, y desde hacía más de diez años cubría la sección policiaca en los diarios Express y La Opinión Milenio.

Cubrir la nota roja en la Comarca Lagunera fue hasta 2007, cuando había un promedio anual de 30 homicidios dolosos en Torreón, un oficio donde los reporteros conocían personalmente a sus fuentes: policías, socorristas, agentes del Ministerio Público y jueces.

Después, esta cifra se disparó hasta alcanzar 792 asesinatos en 2012, según el INEGI, debido a la creciente inseguridad y a la presencia de la delincuencia organizada.

La ex reportera y editora de Milenio Diario Laguna, Nallely Esparza Rodríguez, amiga de Eliseo, asegura que fue un reportero valiente y oficioso, y que por eso pudo convertirse en un blanco para quienes lo asesinaron.

Días antes de su muerte, Eliseo presumió en la redacción que tenía en su poder la lista de los 302 policías que el alcalde de Torreón, José Ángel Pérez, había dado de baja por pérdida de confianza debido a su vinculación con grupos criminales, una información que había cubierto para su medio.

Esa falta de prudencia pudo haber provocado su asesinato, declaró a Letras Libres en 2011 la directora editorial de Milenio Diario Laguna, Marcela Moreno.

Othoniel Barrón, hermano menor del periodista, lo define como un padre responsable y un hombre trabajador. “Le gustaba jugar al ajedrez, también los deportes y en especial el beisbol. Nunca lo vi con un cigarro o una cerveza en la mano”. Eliseo era cristiano bautista.

Su amigo Luis Rivera recuerda su afición por la comida: “En una ocasión le ganó una competencia a un compañero fotógrafo: se comió un pollo y medio”.

Tras el asesinato de Eliseo, los medios tomaron medidas de seguridad que incluían capacitar al personal para su protección y retirar de los coches los logotipos de la empresa y las identificaciones de los reporteros.

Los periodistas de la fuente policiaca intentaron seguir con sus coberturas sin poner en riesgo su integridad ni la de sus familias; cambió la narrativa esperando que la realidad también se transformara.

La solidaridad de un gremio que se expresaba solo a través de la información que esporádicamente compartían sobre sus fuentes, se materializó el 7 de junio de 2009 en la primera marcha que organizaron en Torreón, en la que cerca de 200 periodistas de La Laguna se unieron para conmemorar el Día de la Libertad de Expresión y exigir el esclarecimiento del asesinato de Eliseo y garantías mínimas de seguridad para el ejercicio de su trabajo en la región.

Diecisiete días después de la muerte de Eliseo, el 11 de junio, el Ejército capturó en Gómez Palacio a sus homicidas con armas y droga. Al interrogarlos, afirmaron ser miembros del grupo de Los Zetas.

Un comunicado de la PGR aseguró que uno de los cinco detenidos, Israel Sánchez Jaimes, confesó el asesinato del periodista y de la subdirectora de Servicios Periciales de Gómez Palacio, Martha Georgina Correa Alvarado. Ambos crímenes habrían sido cometidos por órdenes del jefe de la organización en Torreón, apodado Lucifer. Los acusados fueron trasladados al Cereso de Saltillo.

La averiguación PGR/Dgo/GP/II/144/2009, iniciada por el asesinato de Eliseo, permanece abierta.

 

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