Durango

CARLOS ORTEGA MELO SAMPER

Santa María del Oro, 1951-2009
Asesinado con arma de fuego.
Ningún detenido.

Por: MÓNICA PERLA CARDOSO

Carlos Ortega Melo Samper siempre fue decidido, honesto. Era un periodista valiente que no temía enfrentar a los políticos con su trabajo, asegura uno de sus amigos de la infancia, Francisco Luis Monárrez Rincón.

Aunque hizo frente a los cuatro hombres que intentaron secuestrarlo, eso no le bastó. Le dispararon tres tiros calibre 40 en la cabeza. Su cadáver quedó a unos pasos de su auto, un Chevrolet de tonos café desgastados por el sol.

El parte de la Fiscalía General del Estado de Durango consignó que al corresponsal de El Tiempo de Durango lo mataron a las 5 de la tarde del domingo 3 de mayo de 2009, en Santa María del Oro, la cabecera del municipio de El Oro.

El acta de nacimiento de Carlos registra que nació el 4 de febrero de 1951 en la misma localidad donde fue asesinado. Estudió derecho y litigaba; además, ejercía el periodismo.

Fue corresponsal del periódico regional El Centauro del Norte, durante cinco años trabajó en El Siglo de Durango, y llevaba uno colaborando en El Tiempo de Durango.

Monárrez Rincón, su compañero de banca en la secundaria, asegura que a Carlos su trabajo periodístico le trajo consecuencias. En el municipio de El Oro había tenido disputas con la Policía y los alcaldes por evidenciar prácticas corruptas.

En el Tribunal Superior de Justicia hay un expediente de 1989 sobre una presunta violación cometida por el periodista. Fue encarcelado por esa acusación, cuando Jesús Reyes Alderete era el presidente municipal.

Según la versión de Carlos, la mujer que hacía la limpieza en su casa fue convencida por el edil para que lo acusara de violar a un niño de 10 años. Dos años después, el periodista asumió su defensa y fue declarado inocente.

Existe también un expediente de julio de 2005 en contra del corresponsal por el delito de venta ilegal de bebidas alcohólicas. Una nota de El Siglo de Torreón asegura que la Policía Preventiva allanó su domicilio y Carlos se defendió con disparos al aire.

El medio califica el hecho de “burda venganza” contra el periodista por haber denunciado la corrupción y violencia de los comandantes de la Policía, que contaban con la protección del entonces presidente municipal, el priista Miguel Carrete Sáenz.

Otro ex edil, el panista Adán Sáenz Segovia, quien asumió el cargo un año después del homicidio de Carlos, recuerda que vendía cerveza en un espacio que habilitó en su casa, junto a una pequeña zapatería. Criaba también gallos de pelea.

“Se dedicó al comercio”, asegura, como la mayor parte de las familias de esa localidad norteña, más próxima a Chihuahua que a la capital de Durango.

Posteriormente, en 2006, Carlos denunció por abuso de poder a uno de los mandos de la dirección de Seguridad Pública de El Oro. La Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH) de Durango emitió la recomendación 08/06, donde se establece que los agentes incumplieron con las formalidades debidas en una orden de cateo, al existir amenazas y robo.

Meses antes de su muerte habían baleado su casa y quemado su camioneta. A finales de abril denunció en el periódico las condiciones insalubres y la corrupción que prevalecían en el rastro municipal. Esto provocó un enfrentamiento con el edil priista Martín Silvestre Herrera, que el periodista dio a conocer en una nota que lo hacía responsable de los daños que pudiera sufrir.

A nueve años del asesinato, su expediente se conserva en algún lugar de la oficina del Ministerio Público de Santa María del Oro. Solo contiene entrevistas con sus familiares, lamenta Víctor Manuel Garza Ayala, ex director de El Tiempo de Durango. La investigación sigue abierta.

“A nadie le importó nunca resolver su homicidio. A mí nunca me llamaron a comparecer. Tampoco en el homicidio de Bladimir (Antuna, reportero duranguense asesinado también en 2009)“, dice el periodista.

La CEDH de Durango no acompañó a los familiares en el caso, reconoce su presidente, Marco Antonio Güereca Díaz.

“No hay ningún documento ni seguimiento sobre el caso, tampoco se siguió por oficio”.

La casa donde Carlos vivió toda su vida quedó deshabitada desde que su hermana Guadalupe se hizo cargo, tras su muerte, de su hija, que entonces tenía 12 años de edad.

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