Puebla

AURELIO CABRERA CAMPOS

Huauchinango, 1962-2016
Asesinado con arma de fuego.
Ningún detenido

Por: ARANZAZÚ AYALA MARTÍNEZ

Dedicado, serio, trabajador. Son las palabras que se repiten entre los reporteros de la Sierra Norte de Puebla cuando describen a su colega Aurelio Cabrera Campos, periodista asesinado el 15 de septiembre de 2016.

Aurelio cubría la nota roja, en la que era un experto y llevaba años cultivando fuentes. Su amigo Rubén Hernández dice que si sacaba conclusiones acertadas era, primero, por ser muy observador, y segundo, por conocer muy bien los municipios de Huauchinango y Xicotepec.

Pero no se le daba la investigación, dice Hernández, colaborador en el portal Trienio Noticias. De hecho, a ninguno de los dos, agrega risueño. Se conocieron porque ambos trabajaban en la fuente policiaca, empezaron a frecuentarse y después hicieron las coberturas juntos.

En ese tiempo, Hernández supo que Aurelio era cristiano —adscrito al Templo Monte María—, estaba casado y tenía dos hijos adultos.

El periodismo no fue su primera pasión. A Pablo Estrada, director del diario El Caminante, le contó que alguna vez fue músico y tocó la batería. Hubo épocas en las que aceptaba cualquier empleo; fue así como llegó a trabajar en un bar. Durante un tiempo también radicó en Phoenix.

De vuelta en Huauchinango, trabajaba de taxista posturero (cubriendo descansos) cuando conoció al director fundador de La Voz de la Sierra, Pedro Garrido Cuevas, quien lo invitó a trabajar en el semanario.

“Cuando le pedimos que fuera reportero, fue tajante al manifestar: ‘Es que no sé nada’. Y quien esto escribe se comprometió a enseñarle: primero a tomar fotos, después a redactar, posteriormente a diagramar o llenar el formato de las páginas que le correspondían. También aprendió a armar y distribuir los paquetes de periódicos, y a vender publicidad. Es decir, todo”, relata Garrido Cuevas en una publicación de la página de Facebook de La Voz de la Sierra, fechada el 19 de septiembre de 2016.

Aurelio se especializó en temas policiacos y de seguridad. Siempre se mantuvo alejado del gremio; tenía buenos contactos y era el primero en conseguir la información, pero se manejaba con discreción.

Trabajó en La Voz de la Sierra desde 2009 hasta su renuncia en julio de 2015. Sus compañeros cuentan que tuvo problemas con Garrido Cuevas, por lo que prefirió emprender un proyecto propio, El Gráfico de la Sierra, que empezó a circular meses antes de su asesinato.

Tras su salida del semanario, Aurelio fue invitado por Estrada a sumarse al equipo de El Caminante, en el que trabajó mientras terminaba los trámites para fundar y dirigir su periódico semanal.

Estrada lo recuerda como un periodista que siempre publicaba información bien sustentada; tenía también una postura crítica respecto a los hechos violentos que sucedían en Xicotepec y en las localidades aledañas del municipio.

El director de El Caminante subraya la palabra veracidad cuando habla de Aurelio, porque siempre estaba en el lugar de los hechos. Alguien muy correcto, pero también inquieto, que buscaba tener una vida mejor, crecer profesionalmente.

Hernández relata que a veces llegaban antes que los policías, e incluso las ambulancias, a la escena del crimen. “Lo nuestro eran las evidencias, las fotos”, cuenta, y lograr las mejores imágenes y videos era un motivo para festejar.

Durante el tiempo que trabajó en La Voz de la Sierra, Aurelio desde temprano buscaba la nota. Generalmente volvía a su casa después de las nueve de la noche, porque tenía que reportear en Huauchinango y editar en Xicotepec, a 21 kilómetros de distancia.

El 15 de septiembre, Hernández tenía apagado su teléfono. Se enteró a la mañana siguiente de que el coche donde Aurelio viajaba había sido baleado a menos de 10 kilómetros de Xicotepec, sobre la autopista México-Tuxpan, a la altura de la localidad de San Miguel Acuautla. Fue encontrado con vida y trasladado al Hospital General de Huauchinango, donde falleció al día siguiente.

El 20 de septiembre, la Fiscalía General del Estado de Puebla emitió un comunicado en el que atribuyó el móvil del asesinato a “problemas personales”. Aseguró que el responsable ya había sido identificado y que existía una orden de aprehensión en su contra.

Las autoridades informaron que Aurelio pudo decirle al policía federal que lo auxilió el nombre de su agresor, así como las placas y el modelo del vehículo en el que viajaba, hecho que fue consignado en la carpeta de investigación 751/2016/Huauchinango.

Garrido Cuevas, director fundador de La Voz de la Sierra, fue citado a declarar, y su hijo Juan Pedro Garrido Juárez, director general, fue señalado de manera no oficial como probable responsable del homicidio, ya que nunca se dio el nombre del acusado. Sus domicilios fueron cateados e interpusieron un amparo para evitar ser detenidos.

Hasta la fecha se desconoce su paradero y la Fiscalía no ha ofrecido nueva información sobre el caso.

“Aurelio sabía muchas cosas de tres jefes policiacos ministeriales. ¿Y sabe qué? Estos son los encargados de la investigación”, publicó Garrido Cuevas en el Facebook de La Voz de la Sierra, un mensaje en el que defendió su inocencia y la de su hijo, y pidió que se investigara con imparcialidad el crimen.

El día de la muerte de Aurelio, un grupo de periodistas se manifestó en la capital poblana exigiendo justicia, y la Red Puebla de Periodistas demandó la resolución pronta del homicidio.

La entonces directora de la UNESCO, Irina Bokova, se sumó a la condena del asesinato: “Los ataques contra profesionales de los medios no deben permanecer impunes”.

El 15 de septiembre de 2017, al cumplirse un año del homicidio, el Colectivo Nacional Alerta Temprana de Periodistas y Defensores de Derechos Humanos criticó la pasividad en las investigaciones y calificó de montaje la acusación a los Garrido.

Después de la muerte de Aurelio, El Gráfico de la Sierra no se volvió a imprimir. Conforme pasa el tiempo parece que la memoria del reportero se desvanece, mientras que las autoridades evitan tocar el tema.

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