Guerrero

AMADO RAMÍREZ DILLANES

 

San Miguel Tlacamama, 1957-Acapulco, 2007
Asesinado con arma de fuego.
Un sentenciado.

Por: LAURA REYES MACIEL

En la trayectoria de Amado Ramírez destacan dos coberturas: la masacre de Aguas Blancas de 1995, y los daños que provocó el huracán Paulina en 1997, pero hubo otro hecho violento, menos conocido, en la comunidad de El Zapote, que varios de sus amigos piensan debió tomarse en cuenta al investigar el crimen del periodista.

El corresponsal de Televisa en Acapulco acudió en 2003 a un poblado del municipio de Atoyac de Álvarez para reportear el secuestro y rescate de una familia de ganaderos.

Amado fue el único periodista que estuvo en el lugar, y su camarógrafo logró grabar a los delincuentes heridos en el enfrentamiento cuando eran llevados a Acapulco para su atención médica.

Sin pensarlo dos veces, Amado subió a su automóvil y, como él mismo relató a un grupo de amigos, siguió a la camioneta, pero en el camino, a la altura de la comunidad de El Zapote, se encontró con un escenario inesperado: a la orilla de la carretera estaba el vehículo con impactos de bala y sus ocupantes muertos.

En el lugar estaba un comandante de la Policía Ministerial, Leopoldo Benítez Pérez, con un arma en la mano y salpicado de sangre, detalló a sus colegas.

“Amado entendió la gravedad, prendió la cámara, preguntó qué ocurrió y el comandante le dijo que eran asaltantes y se habían enfrentado. Pero él ya sabía quiénes eran los muertos, entró en pánico, se regresó, y durante todo el trayecto los policías lo venían siguiendo. Lo querían matar, pero él se vino hecho madres”, refiere Misael Habana, periodista y amigo del corresponsal.

Aún con miedo por lo que había presenciado, Amado emitió la noticia, dice Habana, por lo que el caso se investigó y el comandante fue detenido y encarcelado. Tiempo después llegó a amenazarlo por teléfono: “Te vas a acordar de mi”. Cuatro años después, el periodista fue asesinado.

La tarde del 6 de abril de 2007, Amado siguió su rutina habitual. Salió de las instalaciones de Radiorama de Televisa Radio, donde dirigía y conducía desde hacía cuatro años el noticiero Al tanto, y caminó sobre la calle La Paz, a pocos metros del zócalo. Ese día no vestía con su formalidad habitual: llevaba playera y pantalón de mezclilla.

Habana, su compañero de micrófono, cuenta que solo dos horas antes, Amado le había avisado que se ausentaría del programa porque quería estar con su hija, quien había llegado de Puebla para pasar las vacaciones de Semana Santa.

“Me dijo que no iba a ir, pero de repente, a los 15 minutos de empezado el noticiero, llegó. Venía hasta en sandalias”.

Como corresponsal, las coberturas de Amado eran variadas. Ese día había realizado notas sobre el arribo de turistas al puerto y sobre un asalto a una joyería en el hotel El Mirador, publicó Habana en La Jornada.

Tras finalizar el programa, Amado le propuso que fueran a tomar un trago al Bar Chico: “Decía siempre que la fórmula para un buen descanso en la noche era tomarse una, dos o tres copas de whisky”.

Ese día se separaron, poco después de las 19:00 horas, en la entrada de la emisora. Amado caminó unas decenas de metros y, al abordar su automóvil, fue atacado por su asesino. Intentó protegerse, pero apenas dio unos pasos cuando tres balas le impactaron por la espalda y le perforaron un pulmón. Herido de muerte, llegó hasta la entrada del Hotel California, donde se desplomó. Tenía 50 años de edad.

Ese Viernes Santo, el zócalo de Acapulco estaba lleno de gente. Muchos corrieron confundidos cuando se escucharon los disparos, porque no era algo normal en la ciudad, a diferencia de ahora, cuando los crímenes suceden a diario.

Desde hacía 11 años, Amado era el corresponsal de Televisa en Acapulco, un puesto que lo convirtió en uno de los periodistas más poderosos del estado. Gobernadores y funcionarios lo buscaban para darle información, y las invitaciones que le enviaban siempre eran personalizadas.

“No, ningún reportero se lo esperaba (que lo mataran) porque eran otros tiempos”, recuerda el veterano periodista Carlos Ortiz, amigo de Amado desde su juventud.

Ortiz es de los pocos que conocen su pasado, cómo siendo joven se marchó del pueblo de San Miguel Tlacamama, en Oaxaca, donde vivía con sus padres campesinos.

“Uno de sus trabajos de supervivencia fue hacer síntesis informativas en la Secretaría de Gobernación, a finales de los setenta y principios de los ochenta”, relata.

También laboró en el área de Comunicación Social del gobierno de Guerrero durante la administración del priista Alejandro Cervantes Delgado (1981-1987). Se encargaba de repartir los boletines oficiales, que entregaba a cada uno de los 20 periódicos que existían en esa época en Acapulco.

Después trabajó cuatro años en la redacción del periódico Novedades Acapulco, en el que cubrió las fuentes de gobierno, turismo y política.

Amado era muy discreto con su vida personal, cuenta su amiga y compañera de muchas coberturas, Adriana Covarrubias, corresponsal de Notimex en el estado.

La periodista se sirve un vaso con agua y deja que la memoria fluya: Amado, cuenta, era un corresponsal muy celoso de su trabajo y de sus fuentes.

“Cuando te enterabas de algún hecho importante y llegabas, él ya venía de regreso. Tenía muy buenos contactos, pero además nada lo detenía. Televisa era entonces el medio de mayor prestigio y siempre tenía facilidades para moverse”, refiere. “Tenía muy buena relación con los funcionarios porque era Amado Ramírez. Si necesitaba un helicóptero, lo solicitaba y se lo daban, pero ya en privado, su amistad era con pocos. Fuera del trabajo, hablábamos de sus problemas familiares y era un buen ser humano”.

Solo tres de sus amigos periodistas estaban enterados de que, desde hacía meses, Amado recibía amenazas de muerte a través de mensajes y llamadas a su celular, a las que no dio importancia y que nunca fueron investigadas por las autoridades.

Aunque a menudo era condescendiente con el gobierno, admite Habana, era escuchado como periodista y su trabajo tenía un gran alcance, lo que pudo incomodar a la delincuencia organizada.

La principal línea de investigación de su asesinato no estuvo relacionada con grupos criminales ni con su labor periodística, sino con un acto de venganza por problemas personales, según determinó la Procuraduría General de Justicia del Estado de Guerrero tras la detención, el 10 de abril —cuatro días después del crimen—, de su homicida, Genaro Vázquez Durán, quien en 2014 fue sentenciado a 38 años de cárcel, que comenzó a purgar en el penal de Las Cruces.

Aunque Vázquez Durán negó haber cometido el asesinato y la pistola que se encontró en su automóvil no era la empleada en el crimen, el procurador del estado, Eduardo Murueta Urrutia, informó que fue su acompañante, también detenido, Leonel Bustos Muñoz, quien lo incriminó, al declarar que le había confesado que lo mató “por amoríos” con una muchacha.

En enero de 2008, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) emitió una recomendación contra la Procuraduría estatal por supuestas anomalías en la investigación, que incluían fabricación de testigos, inconsistencia en la elaboración de los retratos hablados, manipulación de evidencias, tortura, y exclusión de líneas de investigación como el trabajo periodístico.

La CNDH determinó también que se desestimaron las declaraciones de colaboradores cercanos de Amado, quienes informaron sobre las amenazas de muerte que había recibido. Tampoco se investigaron los correos electrónicos y notas periodísticas que vinculaban su homicidio con “un grupo insurgente fuera de la legalidad”.

En abril de 2011, el periodista Joaquín López-Dóriga publicó que el abogado de Vázquez Durán había presentado un amparo contra el fallo del juez cuarto de lo penal en Acapulco, José Jacobo Gorostieta Pérez.

El 29 de marzo de ese año, un tribunal federal ratificó la sentencia del juez, a pesar de las irregularidades en la investigación. Vázquez Durán, según el periodista, purgaba su condena en el penal de Zihuatanejo, pero por el delito de secuestro.

El asesinato de Amado provocó que muchos de sus colegas modificaran su rutina de trabajo. “Tuvimos miedo mucho tiempo. Nunca nos esperamos que algo así ocurriera; ese crimen marcó un antes y un después”, señala Ortiz.

Habana asegura que Amado fue la primera víctima de la delincuencia organizada en Guerrero en una época en que esos crímenes no se visibilizaban.

“Su muerte fue una advertencia para los periodistas. La pérdida no solo fue para su familia —Amado estaba a cargo de sus dos hijas y de su nieto—, sino para todo el gremio”, dice el periodista.

El noticiero Al Tanto fue retirado del aire tras el asesinato de Amado.

 

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