Nuevo León

ALICIA DÍAZ GONZÁLEZ

 

 

Martínez de la Torre, 1966- Monterrey, 2018
Asesinada a golpes.
Dos detenidos. Un prófugo.

Por: ADRIANA FLORES

 

“¡Soy como Nadia Comaneci!”. Aquel día, con tus acrobacias, Alicia, volviste a sorprender. Tu hermano Gualberto vio cómo, de nuevo, aprendiste algo tú sola, sin maestros, como hiciste antes al bailar, cantar, y tocar el órgano, la flauta y la guitarra.

Tenías muchas ganas de correr, Lichita, la quinta de los nueve hijos que tuvieron Alicia González y Gualberto Díaz. Y el municipio de Martínez de la Torre, en Veracruz, donde naciste el 10 de abril de 1966, te empezó a quedar chico.

“Me voy a Monterrey”, anunciaste después de cumplir los 17 años. Tu destino: estudiar la carrera de Economía en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Tus conocidos te recuerdan por haber representado a la facultad en festivales universitarios de canto con tu género favorito, la trova. Ya como profesionista, te hiciste una foto con una de tus cantantes preferidas, Eugenia León. Pero tu sonrisa en la imagen ocultaba una historia de dolor.

Desde la universidad, tus amigos te pedían que no te casaras con tu novio, Gerardo Medrano, porque les parecía abusivo y prepotente, pero en 1997 contrajeron matrimonio. Ya eras una experta en el tema fiscal, tal como lo demostraste en tus empleos en el INEGI, el diario La Moneda y, desde 1992, el periódico El Norte.

Te estrenaste como madre en 1998 con Eduardo, tuviste a Gerardo en el 2000 y, cinco años después, llegó Valeria. Pero vivías con miedo. Tus amigas más cercanas afirman que sufrías amenazas de tu marido. Dicen también que Gerardo te celaba e impedía que salieras sin su permiso.

En 2010, le pediste el divorcio y empezó una larga batalla legal con una serie de juicios por las propiedades en común, la pensión alimenticia y la patria potestad de los niños, como el 387/2016 ante el Juzgado Noveno de Juicio Familiar Oral del Primer Distrito Judicial de Nuevo León, y el mercantil 1691/2009 del Juzgado Primero de lo Concurrente. Tan solo uno de estos expedientes abarca ocho tomos.

A tus hermanos les confesaste que Gerardo te impedía manejar tus tarjetas bancarias y que hasta te daba pastillas para dormir. El 15 de febrero de 2014 lo denunciaste ante las autoridades porque la víspera, al salir de tu casa, un hombre te advirtió: “Váyase de aquí: su esposo me contrató para matarla”. En los años siguientes interpusiste tres denuncias contra Gerardo por amenazas, y él otras dos contra ti por el mismo motivo.

Tenías miedo, pero también coraje. En 2014, uniste tu voz al Coro Rey David de la Parroquia del Rosario, donde asistías cada domingo a la misa de seis; también te apasionaste con las carreras de 5K y 10K, y una de tus amigas, Silvia, te recuerda como enemiga de la comida chatarra.

Esa fuerza te permitió mantener el ánimo después de que, en 2016, te despidieron de El Norte debido a un recorte en la redacción. Trabajaste como asesora inmobiliaria, a finales de 2017 ganaste dos juicios —uno por la pensión alimenticia— y, en enero de 2018, te contrataron como freelance en las oficinas de El Financiero en Monterrey.

“Sabes que es lo que me apasiona. ¡Es mi vida!”, le dijiste a tu editor Édgar Rivera, quien pensó en ti cuando surgió la vacante. “El nombre de Alicia tenía valor de marca. Poseía una red de contactos importantísima, era muy conocida por haberse especializado en el tema fiscal, de exportaciones y en el sector inmobiliario. Me dijo de volada: ‘Oye, me interesa’” y entró a trabajar con nosotros”, cuenta al recordarte.

Por eso se sorprendió tanto la mañana del 24 de mayo de 2018, cuando le informaron que no llegaste al evento que tenías agendado a las nueve en el Club de Industriales.

A las 7:45 horas, tras dejar a Valeria en la escuela, un hombre te siguió y se introdujo en tu casa. Te apuñaló, te golpeó en la cabeza y, en solo seis minutos, acabó con tu vida. Tu hijo Gerardo te encontró tendida en el suelo.

Hubo protestas en Veracruz y Monterrey. Un juez vinculó a proceso a tu exmarido, Gerardo, acusado de ser el autor intelectual del feminicidio, y a Alfredo “N”, chofer del auto donde viajaba el autor material, también identificado.

En la misa del 27 de mayo te rindieron un homenaje en la Parroquia del Rosario. Tus compañeros coristas cantaron ante un cofre blanco que contenía tus cenizas y Juan y, una de tus mejores amigas, te despidió con un mensaje de cariño y un reclamo: “Hasta luego, querida, hasta que se te haga justicia”.

 

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