Oaxaca

AGUSTÍN PAVÍA PAVÍA

La Luz Tenexcalco, San Miguel Ahuehuetitlán, 1982-Huajuapan de León, 2016
Asesinado con arma de fuego.
Ningún  detenido.

Por: NATHALIE GÓMEZ  CORTÉS

Agustín Pavía Pavía comía pozole con su familia en su casa de Huajuapan de León, la mañana del 19 de junio de 2016, cuando fue alertado sobre un enfrentamiento entre policías federales y maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) en el municipio de Asunción Nochixtlán.

La radio comunitaria Tu’un Ñuu Savi (Palabra del Pueblo de la Lluvia), perteneciente a la Sección 22 de la CNTE, informaba que los docentes estaban siendo obligados a despejar el bloqueo carretero con el que exigían la liberación de su dirigente estatal Rubén Núñez Ginés.

Agustín, junto a varios compañeros, cooperaron para costear la gasolina y partieron en un auto prestado. “Es por nuestros hijos, por su educación, deben saber que su papá siempre luchó por ellos”, le dijo a su esposa, Yecenia Sampedro Salazar, antes de salir.

El enfrentamiento dejó ocho muertos y un centenar de heridos. Esa noche, Agustín regresó con la ropa sucia, pero con la satisfacción de haber respaldado a los maestros, recuerda su viuda. Casi tres meses después fue asesinado.

De padres campesinos, Agustín estudió en el Seminario Conciliar. En 2006 se tituló en Derecho por la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. Ante la falta de empleo, se marchó con su familia a Estados Unidos, donde estuvo tres años trabajando como obrero.

Cuando cursaba la carrera ingresó a la Unión de la Juventud Revolucionaria de México (UJRM) del Frente Popular Revolucionario (FPR), una organización social de orientación comunista que apoya la lucha magisterial. En la UJRM conoció a Yecenia, su pareja durante 14 años y madre de sus cuatro hijos; la menor tenía seis meses cuando lo mataron.

En 2012, tras las elecciones presidenciales, se afilió al Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) junto con su amigo, el politólogo Javier Jonathan Reyes Herrera. Agustín asumió el cargo de consejero y continuó su trabajo como abogado. Viajaba a los municipios para atender temas jurídicos y agrarios, labor que le permitía, señala Yecenia, solventar los gastos familiares.

Agustín fue fundador de la escuela primaria Niños Héroes en Huajuapan de León, administrador municipal de San Bartolomé Yucuañe (2011-2013), y candidato suplente a diputado federal por Morena en 2016.

Un año antes, siendo integrante del Frente Único de Lucha, creado para combatir la reforma educativa del Presidente Enrique Peña Nieto, Agustín comenzó a colaborar con Tu’un Ñuu Savi, sin sueldo, en el programa Fórum, que se transmitía tres noches a la semana de 20:00 a 21:00 horas. En la emisión se informaba sobre irregularidades en obras públicas y se abordaban temas sindicales.

“Exhortaba a la ciudadanía a que abriera los ojos ante la corrupción y el desvío de recursos económicos, y se animara a luchar por sus derechos”, cuenta Reyes Herrera, quien participaba en la conducción. “Si tenía un defecto, era que hacía señalamientos fuertes sobre lo que no le gustaba del sistema, del gobierno, de las injusticias”.

El 13 de septiembre de 2016, tras acudir a un curso sobre derecho en la Preparatoria 3, Agustín llamó a su esposa para avisarle que iba camino a su casa. Alrededor de las 22:00 horas, Yecenia escuchó las detonaciones. Lo mataron cinco balas calibre .380. Esa misma semana le había dicho que su teléfono estaba intervenido.

La Vicefiscalía Regional de la Mixteca inició una averiguación por homicidio calificado, que permanece abierta. Surgieron varias líneas de investigación por su labor como consejero de Morena, miembro del FPR y activista magisterial.

“Agustín no tenía problemas con nadie, no tan fuertes como para haber sido asesinado como lo fue”, asegura Reyes Herrera.

Sin dar nombres, Yecenia refiere que, seis meses después del asesinato, le advirtieron que no hiciera declaraciones porque podía pasarle lo mismo que a su esposo.

“Nos dijeron que mejor nos saliéramos porque habían escuchado que iban a por mí; yo me pregunté por qué, si no he hecho nada”, recuerda. “Ni siquiera estuvimos sobre los jueces y los agentes exigiendo justicia; yo estaba más preocupada por mis hijos, porque uno se me enfermó dos días después del homicidio y tuve que internarlo en un hospital”.

En marzo de 2017, la viuda de Agustín dejó Huajuapan de León. Para sostener a sus hijos ha vendido jugos y ha trabajado como jornalera en el campo.

Al no tener la certeza sobre las causas del asesinato, los amigos de Agustín decidieron ya no salir a las comunidades. “Hubo mucho miedo”, afirma Reyes Herrera, “también incertidumbre por no saber quién fue el autor o los autores del crimen, pero la exigencia de justicia sigue y seguirá”.

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