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SERGIO LANDA ROSADO

José Cardel, 1967-2013
Desaparecido.
Ningún detenido.

Por: ANA ALICIA OSORIO

A los 40 años, Sergio Landa Rosado debutó en el periodismo. Antes había sido tejedor de cinturones, árbitro de futbol infantil y rotulista, cuenta su esposa Isabel Lagunes. También trabajó una temporada como burócrata en el Ayuntamiento de La Antigua, hasta que un recorte de personal lo llevó a las puertas del Diario Cardel, donde buscaban un diseñador.

Cecilio Pérez Cortés, subdirector del periódico ubicado en la ciudad de José Cardel, la cabecera municipal de La Antigua, fue el primero que confió en las capacidades de Sergio como reportero de nota roja:  “Quería una guía: ‘Dígame cómo le hago’ (…) Sus entradas eran un chorizo. Poco a poco fue haciéndose en la redacción y viviendo el periodismo”.

Pérez Cortés recuerda su dedicación al trabajo, pero advierte que no era perfecto: casi a diario escribía muy tarde las notas de los accidentes y hechos violentos ocurridos temprano, lo que retrasaba la hora de cierre.

Sergio no se conformó con reportear. Varias veces viajó cuatro horas hasta Acayucan, donde se imprimía el periódico, para regresar en la madrugada con pacas de diarios listos para circular.

En 2008, cinco años antes de su desaparición, comenzó a trabajar en el Diario Cardel. Le ofrecieron un salario de 3 mil pesos al mes —terminó ganando 5 mil—, un teléfono, una motocicleta y un trabajo sin horarios.

El primer día se subió a la moto con Pérez Cortés, su guía en el oficio periodístico. Fue a cubrir un accidente en la carretera federal Veracruz-Xalapa, donde le destaparon el cadáver —ya cubierto por Servicios Periciales— para que pudiera tomarle fotos. Aprendió a reportear sin perímetros marcados para no contaminar evidencias ni medidas de seguridad.

Esta anécdota se la contó a su colega, Jesús Augusto Olivares Utrera, pero nunca la compartió con su esposa ni con sus dos hijas, quienes muchas veces le pidieron que buscara otro trabajo, preocupadas por los numerosos asesinatos de periodistas.

Su popularidad como reportero hizo que el Partido Nueva Alianza le ofreciera en 2012 una candidatura como diputado federal por el Distrito 13 con cabecera en Huatusco, a la que renunció el 30 de junio, un día antes de las elecciones.

Al anunciar su salida de la contienda, Sergio declaró al periódico El Imparcial de Huatusco que el partido no cumplió con el financiamiento prometido para su campaña: un vehículo, dinero para pagar a los representantes de casilla, y un convenio de publicidad con el Diario Cardel.

El 26 de noviembre de 2012, dos meses antes de su desaparición, Sergio fue secuestrado por un grupo de hombres armados frente a las oficinas del periódico, junto a otras personas que se encontraban en el lugar.

Una camioneta blanca “grandota” cerró el paso a Sergio, relata Olivares Utrera, que observó lo ocurrido. Lo subieron al vehículo, y ahí se quedó la moto en la que el periodista recorría las comunidades cercanas en busca de noticias.

“Salieron con rumbo a la comandancia de Policía, custodiados por dos patrullas del estado. Así o más descarado”, asegura quien era su compañero en el Diario Cardel.

Tras su liberación, Sergio le contó que los secuestradores pedían instrucciones por radio para escapar de la ciudad, pero al sentirse rodeados por elementos de la Secretaría de Marina salieron de la camioneta y huyeron.

A principios de diciembre, los directivos del periódico lo movieron a la redacción del diario que la empresa edita en Acayucan, de donde regresó a finales de mes.

En enero llamó a su esposa para decirle que estaba de vuelta en Cardel. Le prometió una vida nueva, pues desde hacía años Sergio tenía una relación con otra mujer, que planeaba terminar.

El 23 de enero de 2013 recibió una llamada en la redacción, luego otra más. Sergio le dijo a Olivares Utrera: “Ahorita vengo. No apagues la computadora”. Nunca regresó. Su colega recuerda que vestía una playera a rayas, pantalón deportivo y tenis.

Los compañeros del periódico pensaron que su ausencia se debía a sus conflictos sentimentales, y fue hasta la mañana siguiente cuando comenzaron a hacer indagaciones. Dos días después, el periódico publicó la noticia de su desaparición.

En esa época, los asesinatos y desapariciones eran frecuentes, noticias que Sergio documentaba en el único periódico de Cardel, una ciudad de 20 mil habitantes localizada a 30 kilómetros del puerto de Veracruz.

Diario Cardel pertenece a la cadena de periódicos del grupo Editorial Olmeca, propiedad de Edel Álvarez Peña, de filiación priista y actual presidente del Tribunal Superior de Justicia de Veracruz. Sergio cubría la fuente policiaca en una zona considerada feudo de Los Zetas y peleada por el Cártel de Jalisco Nueva Generación.

Cuenta Olivares Utrera que, en ese clima de inseguridad, los policías estatales apuntaban sus armas a las oficinas del diario para amedrentarlos. Estaban a las órdenes de Marcos Conde Hernández, designado en 2012 comandante regional del cuartel de la Secretaría de Seguridad Pública en Cardel. Tras asumir el cargo se denunció la desaparición de jóvenes de la localidad y de agentes municipales, en un periodo que incluye el caso del periodista.

Olivares Utrera recuerda que Sergio cubrió la noticia de un policía estatal que mató por accidente a un detenido en Paso de Ovejas y eso le hizo ganarse el rencor de la corporación.

Conde Hernández se encuentra actualmente sujeto a proceso por la desaparición en 2016 de cinco jóvenes en Tierra Blanca, cuando era delegado de la SSP en la región, presuntamente secuestrados por agentes a su cargo. Estos los habrían entregado a un grupo del crimen organizado que los asesinó en el rancho El Limón.

“El pintor”, como identificaban a Sergio en clave por radio, conocía bien el territorio aledaño a Cardel y lo recorría en su motocicleta, inconfundible por los golpes en su carrocería. Los accidentes que sufrió hicieron que también fuera conocido como “el reportero de hule”, porque cuando se caía, al instante se levantaba para ir a cubrir la nota.

Era fiestero y sus anfitriones lo recibían como el invitado principal. Salía en la madrugada del periódico, que era su segunda casa, y cuentan sus colegas que sorteó amenazas de la delincuencia organizada y recibió dinero de sus fuentes —el conocido “chayo”— por cubrir determinados eventos, una práctica común en las localidades del estado para complementar el bajo salario que reciben los periodistas.

“Yo le decía: ‘Oye, pero te expones mucho y no tienes seguro de vida’ (…) No le importaba. Siempre se quitó la camiseta por el trabajo. Pienso que le gustaba la adrenalina”, asegura su esposa, quien lo vio por última vez días antes de su desaparición, cuando se negó a ir a la boda de su hija Monserrat, quien entonces tenía 16 años, porque consideraba que era demasiado joven para casarse. Montserrat le dio un nieto que no conoció.

Don Sergio, el padre del periodista, era quien más le insistía en que dejara ese trabajo, refiere Lagunes. Tras su desaparición, se dedicó un año, hasta su muerte, a averiguar su paradero.

Hoy pocos buscan a Sergio. Su familia optó por enfocar sus esfuerzos a ganar el dinero suficiente para subsistir y dejarle el trabajo a la Fiscalía General del Estado de Veracruz, que no le ha dado a su esposa acceso al expediente, y que hasta ahora no ha reportado avances.

 

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