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SAMIR FLORES SOBERANES

Temoac, 1982-2019
Asesinado con arma de fuego.
Ningún detenido.

POR: ESTRELLA PEDROZA

Fotografía: Heriberto Paredes

Un día, a principios de 2013, Samir Flores decidió tomar un megáfono, plantarse en el patio de la casa que compartía con sus padres en Amilcingo e informar sobre las consecuencias que traería el Proyecto Integral Morelos (PIM). Así nació Radio Bocina.

“”¡La CFE pretende imponernos un proyecto que impactará en nuestras comunidades y es muy peligroso por la cercanía que tendrá con el volcán Popocatépetl!”decía”, recuerda Liliana Velázquez Fuentes, pareja de Samir, con quien tuvo tres hijas —Amira, Jenny y Mariana— y un hijo, Kinith.

De esa manera logró llamar más la atención que en los meses previos, cuando con un proyector prestado acudía a las asambleas comunitarias de la región para informar de lo que se iba enterando sobre el PIM, en el que participan la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y tres empresas españolas: Abengoa, Elecnor y Enagas.

Radio Bocina fue el antecedente de la radio comunitaria Amiltzinko. Durante ocho meses, se volvió parte del paisaje sonoro del pueblo.

Samir llevaba tiempo oponiéndose al PIM, propuesto en el sexenio del expresidente Felipe Calderón Hinojosa, que incluye la construcción de una termoeléctrica en Huexca, un acueducto de 12 kilómetros que iría de Ayala a Huexca, y un gasoducto que cruzará los estados de Tlaxcala y Puebla, y se extenderá por distintas comunidades de Morelos, como Amilcingo, en el municipio de Temoac, de donde Samir era originario. Una primera planta de la termoeléctrica terminó de construirse en 2014, pero la resistencia de los pueblos ha impedido su operación.

Cuando Samir, indígena de origen nahua, se dio cuenta de que la lucha contra la termoeléctrica de Huexca, en el municipio de Yecapixtla, necesitaba el apoyo convencido de todos los habitantes de la comunidad, no tenía conciencia del peligro que esto representaba.

Las emisiones de Radio Bocina permitieron que, poco a poco, los habitantes de Amilcingo —sobre todo jóvenes— se empezaran a sumar a la resistencia contra el PIM, una lucha que cinco años después le costaría la vida a Don Samir, como se siguen refiriendo al comunicador quienes lo conocieron. Entre los pueblos originarios de esta región solo se le llama don a las personas de mayor edad; su uso es una forma de manifestar respeto, por lo que muy pocos que no sean ancianos obtienen este reconocimiento.

Samir fue asesinado el 20 de febrero de 2019 en la puerta de su hogar.

Poco después de las 5 de la mañana, unos hombres con vestimenta oscura y  gorra tocaron a la puerta. Su madre les abrió. Uno de ellos le dijo que buscaban a su hijo porque necesitaban “difundir un spot en la radio”. Ella corrió a llamarlo y Samir, sin dudarlo, confiado, se levantó de la cama para atenderlos.

Lili recuerda que, en cuestión de segundos, se escucharon dos balazos. Tuvo la corazonada de que habían atacado a Samir. Cuando salió, junto con sus familiares, lo vieron sobre el piso, herido de dos balazos en la cabeza. Aún tenía signos vitales.

De inmediato lo subieron al auto de uno de sus vecinos para llevarlo al hospital  comunitario de Jonacatepec, localizado a unos 30 minutos de distancia. Samir llegó todavía con vida, pero al ingresar se desvaneció y murió, agrega su pareja.

En Amilcingo, las campanas tañeron para anunciar la tragedia. El pueblo despertó enfurecido y desde entonces se mantiene en alerta máxima, asegura Yazmín Ríos, en ese entonces ayudanta municipal.

El nombre de Don Samir muestra el profundo respeto, apoyo y confianza que los pueblos del oriente de Morelos le otorgaron al periodista de 36 años que les ayudó a organizarse contra el PIM, un megaproyecto que impactará en el medio ambiente, la salud y la vida de las comunidades por donde cruzará.

Samir, técnico en informática, estudiante de Derecho por un semestre, rotulista, músico por hobby y de oficio herrero, fue de los primeros morelenses en enterarse del proyecto. Lo supo a finales de 2011, en una reunión con productores orgánicos en Jantetelco, donde coincidieron con algunos poblanos.

Lili recuerda que esas personas le explicaron de qué se trataba el PIM y lo que implicaba. Desde entonces, Samir no soltó el tema.

“Tenemos que entrarle con todo, chaparra, para dejarles un mejor futuro a nuestros hijos, me decía”, narra con voz quebrada.

Por eso, el asesinato de Samir indignó a los pobladores de Morelos, Puebla y Tlaxcala que se organizaron para la lucha en el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y el Agua (FPDTA). Lo mataron tres días antes del inicio de una consulta entre los habitantes, convocada por el gobierno federal, sobre la puesta en operación de la termoeléctrica, que se realizó el 23 y el 24 de febrero.

“Un día antes (del asesinato), la asamblea había acordado boicotear la consulta en Amilcingo”, reveló Jorge Velázquez, vocero de la asamblea de esa comunidad.

De acuerdo con Juan Carlos Flores, integrante del FPDTA, el de Samir es el primer crimen político que enfrenta el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

Significó también el rompimiento de una de las promesas que hizo en Morelos cuando era candidato: en su campaña electoral se pronunció en contra del PIM e incluso ofreció cancelar de manera definitiva las obras, pero ya como presidente convocó a la consulta. Los pobladores se sintieron traicionados.

Según Lili, Samir, quien era también delegado del Congreso Nacional Indígena —el frente de lucha por la defensa del territorio más grande del país—, se autodescribía como “chaparro y desnutrido”. Sabía que era importante comunicar al pueblo el impacto del PIM, y por eso se dio a la tarea de reunirse primero con los líderes y maestros de los municipios afectados —Yecapixtla, Jantetelco, Jonacatepec, Zacualpan y Temoac—, y después organizó asambleas informativas abiertas.

Empezaron las primeras acciones sociales y, como consecuencia, Samir y varios integrantes del movimiento sufrieron hostigamiento y amenazas por parte de miembros de la CFE.

“No vamos a parar… Si se me va la vida en estoserá una vida por miles”, lo cita Lili con amargura. “Y así lo hizo. Se entregó por completo al movimiento y hubo épocas en que por eso no hacíamos cosas en familia”, agrega.

Samir combinó su trabajo como herrero, oficio que aprendió en un par de semanas, con la lucha social contra la termoeléctrica y su deseo de crear una radio comunitaria.

En 2013, Radio Bocina “transmitía” un espacio de noticias de lunes a viernes a las 13:00 horas, pero al final de ese año, Flores, miembro del FPDTA, les ofreció capacitación colectiva sobre cómo hacer radio. Niños, jóvenes y adultos tomaron los talleres y empezaron a producir programas. Investigaron también qué necesitaban y cuánto costaba montar una radio que se emitiera en Frecuencia Modulada.

“Solo se necesitaba una antena y un transmisor queen conjunto, costaba 25 mil pesos, junto con una computadora, una consola y un par de micrófonos”, recuerda Juan Carlos Flores.

¿De dónde saldría todo eso? “Samir decía que era importante involucrar a la comunidad para que hicieran suya la radio y por eso se organizaron acciones”, explica Samantha César, vocera de la asamblea de Amilcingo.

Boteos, rifas, kermeses y donaciones particulares permitieron que el 10 de enero de 2014 transmitiera por primera vez Radio Amiltzinko, con señal en Zacualpan de Amilpas, Jonacatepec, Jantetelco, Tetela del Volcán y parte de Yecapixtla, en Morelos, y en zonas de municipios poblanos como Cohuecan, Acteopan, Atzitzihuacan y Xochimilco.

Pronto, la barra programática se enriqueció y diversificó. Lo mismo había un programa de y para niños, o un espacio de cultura  —conducido por Amira, hija de Samir—, que programas hechos por jóvenes, música de los años 90, rock, cumbias, temas románticos y una emisión dedicada a temas de salud, conducida por Lili.

“Para él era importante que nosotros, su familia, participáramos para animar a la gente a sumarse”, explica.

Samir encabezaba los programas estelares: Amanecer ranchero, que se transmitía de las 6:00 a las 7:30 horas, y Las noticias, a las 15:00 horas. “Eran los más escuchados”, asegura Obed Ramírez, cofundador de Radio Amiltzinko.

El primer programa consistía en emitir la música que le pedían sus oyentes y un poco de contenido cultural, medioambiental o social. Cuando lo consideraba necesario, Samir hablaba de la situación de la resistencia contra la termoeléctrica.

Información local, municipal, estatal, nacional e incluso internacional, más la relativa al movimiento para frenar la termoeléctrica, era el contenido de Las noticias.

“Nos enteramos de muchas cosas por el programa de Samir”, comenta un adulto mayor, mientras espera a su nieto en la plaza principal de la comunidad.

Su labor como comunicador indígena y comunitario, y como activista social, fue reconocida en varios poblados, pero al mismo tiempo generó molestia. Samir y algunos de sus compañeros de la radio fueron blanco de campañas de desprestigio y de constantes amenazas en redes sociales.

“Él las leía, se reía y no contestaba porque sabía que la gente lo iba a defender”, afirma Lili.

Por lo menos, en tres ocasiones, el gobierno federal ingresó a Amilcingo con la intención de desmantelar la radio comunitaria. Se hacían sonar las campanas y, en segundos, la población se reunía. Eso evitó que lograran terminar con la emisora.

Si el activista recibía amenazas, ¿por qué atendió a desconocidos ese 20 de febrero? Amigos y familiares coinciden en que era un hombre que tenía el don de la escucha y el habla; nunca se negó a colaborar con su comunidad.

La radio, al igual que la lucha contra la termoeléctrica, se convirtió en parte de su vida.

Lili recuerda que, muchos años antes, Samir ya tenía el deseo de participar en una radio. “¿Y porqué no voy (al casting)? ¿Sí la hago para locutor, no?”, recuerda que dijo un día mientras escuchaba un spot en Radio 107.5 FM, de la Universidad Tecnológica de Izúcar de Matamoros, en el que anunciaban un casting para locutor. “Ahí empezó con la idea de hacer radio”, dice su pareja.

Admite que Samir, como todo ser humano, tenía defectos y virtudes, y también cometió errores.

“Se entregó al movimiento y se olvidó de él y de su familia; en los últimos años cargaba con muchas presiones y fue muy estricto con sus hijas”.

Tenía miedo de que, por el activismo que realizaba, le pudiera pasar algo que pusiera en riesgo a su familia.

Desde la creación de Radio Amiltzinko, comunidades de otros estados, como Oaxaca, pedían ayuda a Samir para montar una radio o mejorar la que tenían.

A finales de 2018, el comunicador empezó a asesorar a comunidades del oriente y el sur de Morelos para que crearan su propia emisora y así facilitar la información de resistencia contra el megaproyecto en Morelos.

Personas que se autodenominan “samiristas” coinciden en la descripción de su líder como un hombre que tenía una sonrisa para todos; pacífico, pero sobre todo solidario. “Siempre apoyó todas las causas: limpieza de barrancas, a los maestros en 2018, a los padres de Ayotzinapa, a las familias y amigos”, asegura Jorge Velázquez, vocero de la asamblea de Amilcingo.

De Samir se extraña todo, aseguran varias personas de la comunidad, particularmente su voz. “Llevamos tres meses sin escuchar sus programas, sin su presencia y sin sus ganas de luchar por la vida”, leyó Velázquez durante una manifestación realizada el 20 de mayo de 2019 en la Fiscalía General del Estado (FGE), en la que se condenó la dilación, las irregularidades y las omisiones cometidas en la investigación para esclarecer el asesinato.

Uriel Carmona, fiscal estatal de Morelos, informó en conferencia de prensa el 28 de febrero, a ocho días del asesinato, que había seis líneas de investigación: represalia del grupo del crimen organizado llamado Tlahuica; conspiración desde el gobierno por su actividad política en la resistencia al PIM; como respuesta de personas a favor del PIM; para frenar su actividad en Radio Amiltzinko; un conflicto laboral que sostenía con el ayuntamiento de Temoac tras haber trabajado de 2004 a 2006 en la dirección de cultura y no recibir sus últimos pagos quincenales, y un conflicto por el cierre de un plantel escolar.

Lili asegura que a la familia no le han informado formalmente de avances en la investigación. Lo que saben del caso es por los reportes de los medios locales de comunicación.

“Por eso es que se refiere la posibilidad de un evento relacionado con la delincuencia organizada, por ese indicio y otros más, que no es posible compartir en este momento, pero estamos trabajando. No se trata de que haya una línea más fuerte que otra, simplemente estamos trabajando todas las hipótesis (…) tenemos buen avance respecto a la autoría material de este hecho y, como ya lo había anunciado, estaremos solicitando órdenes de aprehensión en contra de los probables responsables”, aseguró Carmona un mes después del homicidio, como se observa en un video del 23 de abril publicado en la página web de El Sol de Cuernavaca.

El “indicio” al que se refiere Carmona en este video es una cartulina azul con un mensaje firmado por el Comando Tlahuica que, el mismo día del asesinato de Samir, la Fiscalía dijo haber encontrado en el lugar del crimen, según información publicada por El País.

Como reportera, la última vez que visité la radio comunitaria la encontré muy distinta al espacio queaños atrás, Samir me mostró. En aquella ocasión, había entusiasmo en todo el equipo que hacía posible que se escuchara una programación que abarcaba casi todo el día. Ahora los programas son eventuales; hay polvo, ausencias. Ese vacío se refleja en las emisiones.

Cada vez menos personas sintonizan Radio Amiltzinko. La transmisión y la programación se han vuelto irregulares. Pero la razón más profunda es que sintonizarla sin escuchar a Don Samir solo aviva la tristeza.

Familiares y amigos afrontan por ahora su luto, pero están decididos: “Queremos mantener viva Radio Amiltzinko”, concluye Lili. “Solo estamos tomando fuerza”.

 

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