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NOLBERTO HERRERA RODRÍGUEZ

Laguna del Carretero, 1978-Guadalupe, 2014
Asesinado con arma blanca.
Un sentenciado.

POR: LUCÍA MEDINA SUÁREZ DEL REAL

Dicen que estudió comunicación solo para obtener un título, que llegó a la televisión por accidente, y que le faltaba temple para la nota roja porque lloró en alguna cobertura. Pero Nolberto Herrera tenía lo necesario para ser periodista: sed de conocimiento y tenacidad para perseguir la noticia.

Se probó años antes de tomar una cámara o una grabadora. Vivía en Estados Unidos, supo que en su ciudad estaría Sentidos Opuestos, uno de sus grupos favoritos, y nada le impidió abrirse paso entre los micrófonos para llegar hasta los artistas, participar en la entrevista colectiva, y obtener un disco, un autógrafo y una anécdota que contar a su familia.

Esa fue la primera vez que se identificó como periodista, aunque todavía no lo era. Lo impulsó su pasión por los espectáculos, y lo hizo posible su creencia en alcanzar los sueños más lejanos.

A los 15 años, Nolberto dejó su lugar de origen, Laguna del Carretero, un pueblo con menos de 300 habitantes en el municipio de Villanueva, en Zacatecas, que cuando era niño no contaba con electricidad.

Eso intriga a su hermana Guadalupe: ¿cómo supo Beto que había algo más allá de las paredes de adobe que lo rodeaban si sus únicos indicios eran las anécdotas familiares que le contaba su padre?

El hambre física e intelectual lo hizo emigrar a Estados Unidos, donde aprendió suficiente inglés para convertirse en sobrecargo de TAESA (Transportes Aéreos Ejecutivos) por unos años, hasta la quiebra de la aerolínea en 2000.

Continuó trabajando en Estados Unidos hasta ahorrar el dinero necesario para adquirir una casa en el fraccionamiento Villas de Monasterio, en el municipio de Guadalupe, que no estrenó porque la prestó a unos estudiantes. En 2009 regresó de forma definitiva a Zacatecas para dar clases de inglés en primarias rurales y obtener un título universitario.

Estudió la Licenciatura en Comunicación en la Universidad Autónoma de Durango. No le fue fácil, rondaba los treinta años y sus bases académicas eran menos firmes que las de sus compañeros. Dos de ellos, Liz Ortega y Miguel Barrón, recuerdan que la brecha digital era notoria, también su mala redacción y ortografía. Ni siquiera sentía el español como su idioma.

Pero su espíritu competitivo le permitió ponerse al nivel de sus compañeros, con quienes llegó a tener roces por su carácter, que describen como difícil, huraño, solitario e incluso hostil.

Salió de la licenciatura con un 96 de promedio y tiempo después entró a trabajar en el Canal 9, un medio modesto en el que había que ser reportero, camarógrafo, editor y productor, todo por el mismo sueldo.

Desde una entrevista política hasta hacer ajustes técnicos eran parte de su tarea en el noticiero nocturno Más Noticias, conducido por Alfredo Valadez, corresponsal de La Jornada en Zacatecas y jefe de información del canal en esos años.

Su disposición para resolver las necesidades del medio hicieron de Nolberto un comodín. Lo mismo le tocaba ser reportero emergente que ir de madrugada al canal a reiniciar las computadoras para evitar que un apagón pudiera suspender la programación.

Para Valadez, eso distinguía a Nolberto: su esfuerzo por solucionar lo que hiciera falta. Acostumbrado a trabajar de lunes a domingo, con el mismo empeño iba a comprar agua embotellada que arreglaba un problema técnico.

Ni el sueldo modesto ni la falta de prestaciones disminuían su compromiso. Tanto que fue en el canal donde notaron primero su ausencia. A Nolberto lo asesinaron la noche del sábado, pero la noticia trascendió hasta la mañana del martes 29 de julio de 2014, cuando, extrañados porque no llegó a trabajar, sus compañeros fueron a buscarlo.

Hallaron una escena de horror: la casa abierta y el cuerpo de Nolberto ensangrentado. Recibió más de 20 puñaladas y, de acuerdo con las autoridades ministeriales, el homicida tuvo el descaro de bañarse en el lugar y cambiarse de ropa. Asumieron también que el periodista conocía a su asesino, porque la puerta no estaba forzada y había indicios de que se tomaron unas cervezas.

Sus padres tardaron más tiempo en enterarse del crimen en su hogar de Laguna del Carretero. Pero les llevó aún más asimilarlo. Su madre no aceptó que su hijo, de 36 años de edad, había sido asesinado hasta que su marido identificó el cuerpo.

El homicida, Gabriel Garcés Barrios, tenía 22 años. El 31 de enero de 2017 fue condenado a 25 años de prisión. Siempre alegó inocencia, pero las pruebas periciales lo inculparon.

La familia de Nolberto confía en que se ha hecho justicia. Le lastima que se hable de “homicidio pasional” o crimen de odio motivado por la supuesta homofobia del asesino; tampoco está segura de las versiones que atribuyen el asesinato a un robo, o a una estafa por la compra de un vehículo. Nada justifica el asesinato de Nolberto que, afirman, no se metía con nadie.

Piensan que su muerte no está relacionada con su condición de periodista. Su trabajo fuera de cuadro y alejado de la nota roja y la fuente política les hacen dudar de eso. Inicialmente, la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión​ (FEADLE) abrió el acta circunstanciada 108/FEADLE/2014, pero el 26 de noviembre de 2014 se determinó archivarla al no encontrar “evidencias contundentes” de que su asesinato estaba vinculado a su actividad periodística.

“Mejor así”, dice su hermana. Cree que si la investigación del homicidio se hubiera enfocado a su trabajo como periodista tendría menos certeza de que se hizo justicia. Pensaría —y la gente también, asegura— que el caso avanzaba por la presión de los medios, de los cuales desconfía.

En Zacatecas no hubo marchas por su crimen ni homenajes a su memoria. Solo la noticia de que su nombre fue incluido en las listas de Reporteros Sin Fronteras y Artículo 19. Organizaciones que a nivel local suenan como entes distantes.

 

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