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JORGE ALBERTO OCHOA MARTÍNEZ

Chiapas, 1952-Ayutla de los Libres, 2010
Asesinado con arma de fuego.
Un sentenciado y dos detenidos.

POR: URÍ BARREDA

El penetrante ulular de la sirena siempre fue la señal. Su sonido auguraba que allá, lejos, cerca, en algún lugar, una tragedia había ocurrido.

Al escucharla, como impulsado por un resorte, Jorge tomaba el lápiz, la libreta y, cámara en mano, salía en busca de la noticia, deseando ser el primero en conseguir la información que le permitiría colocar su nombre en la plana principal de la sección de nota roja. Quizá mereciera incluso una llamada en la primera página, símbolo del triunfo periodístico para alguien a quien, como él, sí le importaba ganar la nota.

Así, buscando la primicia, es como lo recuerdan sus amigos y compañeros.

Siempre fue un apasionado de su profesión, asegura Jorge Luis Maya, quien por más de 15 años trabajó a su lado. Jamás pensó que la noche del 29 de enero de 2010, en la cabecera municipal de Ayutla de los Libres, en la región de la Costa Chica, la nota por consignar fuera el asesinato de su jefe, su mentor, su amigo.

Una bala bastó para acabar con su vida. Entró por la barbilla, atravesó la cervical y salió por un costado, describe Maya. La muerte fue casi instantánea. Esa bala terminó con 57 años de vida y casi tres décadas de periodismo, de esfuerzo, de construir medios de comunicación en Guerrero.

Jorge formaba parte de la llamada “vieja guardia” del periodismo guerrerense. “Venía de la nota roja y su característica principal es que era muy movido”, recuerda su exjefe Pedro Julio Valdez Vilchis, director general de El Sol de Chilpancingo.

“Era muy tranquilo y trabajador”, añade, por eso resultó extraño que el motivo de su asesinato, esgrimido por las autoridades, fuera un pleito de tránsito.

De la nota roja, Jorge migró a la dirección de medios impresos: el vespertino La Tarde y, posteriormente, el periódico Tiempos de Guerrero.

Para quienes trabajaron con Jorge, había poca diferencia entre el jefe y el compañero. “Siempre se comportó como uno de nosotros, entendía el trabajo que realizábamos”, afirma Armando Patrón, jefe de redacción de El Sol de la Costa, el último diario que fundó y dirigió el periodista.

Cuando fue asesinado, dirigía también el semanario El Oportuno de Chilpancingo, ciudad donde residía, y meses antes había renunciado al cargo de director de Comunicación Social del Ayuntamiento de Ayutla, gobernado por el priista Armando García.

Como reportero de nota roja, Jorge experimentó la arraigada costumbre, en gran parte de los medios de Guerrero, de no cubrir en la quincena el salario de los periodistas, de ahí que sus colaboradores reconozcan el esfuerzo que siempre hizo para pagarles en la fecha que correspondía.

“No era mucho el sueldo, pero siempre estuvo a tiempo”, reconoce un colega que prefirió el anonimato.

Una nota de la Sociedad Interamericana de Prensa señala que, tras el asesinato de Jorge, las autoridades siguieron varias líneas de investigación: su trabajo periodístico, su vida personal, y las relaciones de amistad y de negocios que mantenía con políticos y funcionarios de los ayuntamientos de la región.

Su asesinato, según afirmó Albertico Guinto, encargado de despacho de la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) de Guerrero, fue “fortuito y circunstancial”. El 12 de marzo presentó a dos indígenas mixtecos, Honorio Herrera Villanueva y David Bravo Jerónimo, como “autores intelectuales” del homicidio.

El funcionario narró que Jorge circulaba por una calle en sentido contrario, lo que provocó el enojo de los acusados, a quienes obstruyó el tránsito, situación que se agravó cuando ninguno quiso ceder el paso. Los imputados habrían incitado al autor material para que disparara al periodista.

Cinco días después, el 17 de marzo, fue presentado el atacante, Alberto Bravo Jerónimo, que se dijo pertenecía a una banda de “narcomenudistas” que distribuía droga en la Costa Chica. El homicida aseguró que Jorge estaba borracho y que, antes de dispararle, el periodista lo amenazó de muerte. Su declaración se integró a la averiguación previa ALLE/SC/01/032/2010.

La viuda del periodista, María del Carmen Castro Santos, quien asumió la dirección de El Sol de la Costa tras su asesinato, consideró que las conclusiones de la PGJE carecían de credibilidad y que los motivos del homicidio estaban relacionados con la actividad periodística de Jorge, quien aseguró había recibido amenazas por su trabajo, aunque nunca se levantaron denuncias.

Periodistas locales aseguraron que el asesinato fue producto de la impunidad y el acoso al que la prensa está sometida cotidianamente en Guerrero.

Según información oficial proporcionada a la UNESCO, el 4 de octubre de 2010 se dictó sentencia contra Alberto Bravo Jerónimo por el homicidio de Jorge, siendo condenado a 30 años de prisión y el pago de la reparación del daño.

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