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FRANCISCO PACHECO BELTRÁN

Taxco, 1966-2016
Asesinado con arma de fuego
Ningún detenido.

Por: MARGENA DE LA O

El teléfono de Yamil Alí Pacheco Romero sonó de madrugada. Eran las 6:45 horas del lunes 25 de abril de 2016. Su vida cambió a partir de esa llamada.

“—Pali, ¿qué pasó?

—Yamil, mataron a mi papá. Está muerto aquí afuera, en la puerta.

—¿Cómo?

—Le dispararon”.

En el texto homenaje “En días pasados”, publicado en el periódico Imagina, Yamil recuerda el momento en que su hermana menor le dijo que habían asesinado a su padre, el periodista Francisco Pacheco Beltrán, afuera de su casa en Taxco.

“Es como si todos los días fueran el mismo día”, dice desde el destierro, lejos de Guerrero. Tres semanas después del crimen, un miércoles, unas personas —de quienes evita dar detalles— llegaron a la casa de Francisco con la amenaza de que solo tenían unas horas para irse. Desde el siguiente día, ninguno de sus familiares vive en Taxco.

En 1989, Francisco era un joven ingeniero civil que auditaba obra pública para la Cámara de Diputados del Estado de México. Había dejado Taxco a los 15 años para estudiar en Toluca.

Le gustaba escribir poesía, pero unos conocidos que imprimían una revista de noticias en Querétaro le vieron más aptitudes. En 1988 publicó su primer artículo periodístico, sin saber que este oficio sería determinante en su vida, y también en su muerte.

A finales de 1990 visitó a su padre Gregorio en Taxco y, cuando vio su carpintería, sintió nostalgia del oficio que le habían enseñado de niño y de las calles donde había crecido. Decidió quedarse un tiempo, que se prolongó más de 25 años, en “la ciudad colonial”, como la llamaba en sus reportes de radio para Capital Máxima en Chilpancingo, emisora de la que fue corresponsal en la zona norte durante 18 años.

Primero trabajó primero como carpintero —en esa época fundó la Unión de Carpinteros de Taxco, A. C.— y después, desde 1995, como periodista en uno de los cuatro estados de México, junto con Veracruz, Tamaulipas y Michoacán, más peligrosos para ejercer el oficio, según el Índice de Libertad de Prensa 2017 de Reporteros Sin Fronteras.

Francisco colaboró en medios de comunicación locales y estatales como Diario de Taxco, Diario 21, El Sol de Acapulco y Radio Guerrero. Fue miembro fundador, hacia 1995, del semanario Panorama Guerrerense.

En 1999 fundó y dirigió el semanario El Foro de Taxco, donde aparecían sus artículos de opinión en Última columna. El semanario se extendió en 2003 a una publicación diaria, El Foro del Diario, y en 2005 se convirtió también en portal. En 2015, el periodista creó su propia web, Pacheco Digital, en la dirección www.franciscopacheco.mx.

Yamil aprendió el oficio de periodista de su padre, y desde el lugar dondo vive desplazado trabaja en El Foro de Taxco, que sigue publicándose en su versión digital: “Pasé de ser un historiador al hijo de un periodista asesinado”.

El mismo día de su muerte, Francisco propuso dos notas para la edición matutina del noticiero Al Instante de Capital Máxima. “Cuando intentaron contactarlo para que pasara la información, ya había sufrido el ataque”, recuerda el periodista Rogelio Agustín Esteban, jefe de información de la emisora.

Los productores decidían casi siempre arrancar Al Instante con la intervención de Francisco. Las noticias de violencia, informa una excolaboradora que pide el anonimato, las transmiten al principio de la emisión.

Agustín Esteban insiste en que Francisco solo reportaba hechos concretos: “Nunca vimos que hubiera alguna situación de peligro para él, porque escuchábamos su información y sabíamos que estaba dentro de los parámetros”.

La familia de Francisco piensa que su crimen está relacionado con su trabajo como reportero. “Nosotros estamos en la posición de que sí era incómodo para alguien”, dice Yamil.

Priscila Pacheco Romero, hija del periodista, lo expuso el pasado abril, al cumplirse dos años de la muerte de su padre. Aseguró en un programa de radio de la Asociación de Periodistas del Estado de Guerrero (APEG) que la resistencia a abrir una línea de investigación relacionada con la labor periodística de Francisco podría deberse a un involucramiento de miembros de la política o del gobierno.

“Silenciaron una voz que buscaba a través de la libertad de expresión informar: dar a conocer a la sociedad lo que estaban haciendo mal los gobiernos”, señaló.

La organización Artículo 19 exigió una investigación que incluyera su trabajo periodístico como un posible móvil, ya que Francisco reporteaba temas policiacos y de política local, interesado en evidenciar la corrupción y promover la fiscalización de los recursos públicos. Había hecho también un seguimiento crítico a la administración del entonces alcalde de Taxco, el priista Omar Jalil Flores Majul, actual diputado local.

“Soy impulsor de la lucha social, de la transparencia y de la rendición de cuentas”, escribió en su perfil de LinkedIn, donde también registró su labor como consejero electoral distrital: en 2010 para el Instituto Electoral del Estado de Guerrero, en 2012 para el Instituto Federal Electoral, y en 2014 y 2015 para el Instituto Nacional Electoral.

Una compañera de trabajo de Francisco, que pide proteger su identidad, cuenta que un mes antes de su asesinato comenzó a emborracharse y a decir que lo iban a matar.

Dos días antes del crimen fue a buscarla, ebrio, a una pizzería. “Ahí se despidió de mí”, recuerda, después de que le aseguró que pronto lo matarían. “¡Estás pendejo!”, dice que le contestó.

Yamil no tiene presente ningún indicio que lo alertara del crimen de su padre.

La Procuraduría General de la República, de la que depende la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión (Feadle), ha sido criticada por su ineficacia en la investigación del asesinato: la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) concluyó en la recomendación 72/2017 que la Feadle, pese a que atrajo el caso, omitió indagar en el trabajo periodístico de Francisco, revisando sus publicaciones y archivos, y entrevistando a colegas y directivos de medios. La averiguación previa 14/FEADLE/2016 permanece abierta.

Priscila, abogada de profesión, sintetiza lo que sabe de la investigación: “Los dos tomos que hay no tienen nada, solo oficios girados por aquí, por acá, pero ninguno determina (lo relativo a) su labor periodística”.

Negligencia es la palabra que utiliza para definir su quehacer. La misma indiferencia que ha mostrado la Feadle, fue la que encontraron ella y su familia en el Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, y en la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV).

“Las instituciones siguen revictimizando a las víctimas, poniendo trabas, burocracia. Nos hacen sentir culpables de encontrarnos en esta situación”, dice la abogada.

El fin de semana anterior a su asesinato, Francisco recibió la visita de sus hijos. “Estábamos todos, toda la casa estaba llena”, recuerda Yamil. El domingo por la noche regresó a su ciudad de residencia, pero una de sus hermanas decidió viajar hasta el lunes. Su padre la acompañó a la estación de autobuses. Le dispararon cuando volvía a su casa. “Tu papá está afuera tirado, creo que lo mataron”, le dijo por teléfono una vecina a la hija menor que vivía con el periodista.

La casa de Francisco, en el barrio 20 de Noviembre, volvió a llenarse de familiares y amigos en su funeral. Su ataúd fue acompañado por decenas de personas hasta el Templo de Santa Prisca, en un recorrido salpicado de canciones y exigencias de justicia.

 

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