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EDGAR HERNÁNDEZ GARCÍA

 

Benito Juárez, 1979-Santa María Huatulco, 2015
Asesinado con arma de fuego.
Ningún detenido.

POR: GEORGINA MONTALVO

Una y otra vez lo repiten: “Él no era periodista”. Reporteros de la ciudad de Oaxaca y del municipio de Santa María Huatulco coinciden en que Edgar Hernández García, asesinado el 9 de julio de 2015, era un empresario con intereses políticos.

“(En 2013) intentó hasta el último momento que lo nominaran (como candidato del PRI a la alcaldía de Huatulco), pero no le dieron la candidatura. Nueva Alianza lo buscó no para ganar, sino para lograr votos que le permitieran mantener su registro”, asegura en entrevista un locutor, miembro de la Asociación de Periodistas de Oaxaca (APO), que pidió omitir su nombre.

Nadie del medio periodístico sabe por qué el asesinato de Édgar, contador público de profesión, se integró a la lista de Reporteros Sin Fronteras como uno más contra la libertad de expresión.

El origen de la confusión es que, para impulsar su carrera política, Édgar creó junto con su hermano Stuart el Corporativo Foro Político, conformado por la revista mensual Foro Político, el sitio fpnoticias.com y FPRadio, que transmitía a través de Radiorama Oaxaca. Actualmente, el sitio permanece activo y en su directorio continúa apareciendo el nombre de Édgar como director general.

En la edición del 12 de febrero de 2013, Édgar se define a sí mismo y no deja lugar a dudas: “Mira, yo soy empresario, tengo visión empresarial”, contesta al reportero que lo entrevista sobre su programa de gobierno como candidato de Nueva Alianza.

Sofía Valdivia, conductora del noticiero Metrópoli. La Voz de la Noticia, que se transmite a través de MVM Noticias, dilucida el papel real de Édgar en el corporativo donde ella fue directora editorial de la revista. Se conocieron un día en que coincidieron en una radio local, La Mexicana Oaxaca. “Se me hizo un hombre muy amable, platicábamos mucho, nos decíamos hasta ‘compadres’ (…) Tenía el proyecto (de Foro Político), pero me decía que estaba preocupado porque no arrancaba, no veía que lograra lo que él necesitaba: hacerlo tener presencia y que fuera conocido. Por mi experiencia en los medios, me dijo: ‘¿Por qué no me ayudas?’”.

Valdivia le planteó que fueran socios; él aceptó. En fpnoticias.com se publicaron más de 15 notas sobre la labor social que Édgar desarrolló de agosto de 2012 a junio de 2013. De acuerdo con los reportes, la asociación civil que presidía, Huatulco Somos Todos, fundada en 2012, apoyó a escuelas con trabajos de infraestructura y venta de útiles a bajo costo, dotó a comunidades con canchas deportivas, y benefició a personas con discapacidad. También aparece consignado el viaje que hizo a la Ciudad de México para presentar un informe de sus actividades al entonces diputado priista Manlio Fabio Beltrones.

Publicaron además los “zafarranchos” que hubo en las asambleas del PRI previas a la elección de candidatos municipales, la “marcha de la dignidad” a la que convocó Édgar cuando los priistas le negaron la candidatura, y su arranque de campaña como candidato por Nueva Alianza.

La cabeza de la última nota del archivo de fpnoticias.com sobre el contador, de agosto de 2015, interpela al entonces gobernador de Oaxaca: “A un mes del asesinato de Édgar Hernández en Huatulco, Gabino Cué continúa callando”.

Édgar tenía claro que difundir en los medios su trabajo social era importante, sobre todo para mostrar a las cúpulas del PRI su capital político y así obtener la candidatura a la alcaldía, pues la lealtad y el cariño que la población de Huatulco le tenía eran innegables, coinciden las fuentes entrevistadas vía telefónica desde la Ciudad de México para este perfil.

“Aquí la gente lo quería mucho por su labor social. Tenía una fundación, apoyaba mucho a las comunidades y pues tenía el dinero para hacerlo. Cuando murió, haz de cuenta que había fallecido el ídolo del pueblo, el benefactor”, comenta Deyanira Aquino Campos, de profesión abogada y propietaria y reportera del portal PacíficoOaxaca.com.

“Si algo recuerdo de Édgar es que era muy humanitario; se estaba comiendo una torta y si alguien estaba ahí le daba la mitad. Si llegaba una persona y le decía ‘tengo un enfermo’, le contestaba ‘a lo mejor no te doy todo el medicamento, pero ten para que te apoyes’, y si realmente veía muy fuerte la necesidad, pues los apoyaba al cien”, señala Víctor Mendoza, su compañero en la secundaria.

“No le tenías que rogar ni nada, te preguntaba ‘qué necesitas’ y te lo mandaba traer. Siempre quería ayudar, yo creo que por eso quería ser presidente municipal de Huatulco”, agrega Valdivia.

Mendoza, colaborador de Édgar en su campaña electoral, asegura que la estrategia de crear sus propios medios de comunicación le permitió tener presencia pública en Huatulco en tan solo cinco meses. Pero el día de la elección no logró ganar; quedó en segundo lugar, atrás de Darío Pacheco, candidato de Movimiento Ciudadano.

Édgar nació el 6 de julio de 1979 en Benito Juárez, comunidad aledaña a Huatulco. Desde que llegó a este municipio a cursar la secundaria y luego ingresar en el Centro de Bachillerato Tecnológico Industrial y de Servicios (CBTIS) “se enamoró del lugar”, cuenta Mendoza: “Huatulco le dio mucho”.

Sus padres, afirmó Édgar en la entrevista que le hicieron para Foro Político, trabajaron como obreros en ese destino turístico.

Estudió en la Facultad de Contaduría y Administración de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, y se especializó en contaduría fiscal y administración. Creó Facturación Moderna, empresa que vende software para emitir facturas ante el Servicio de Administración Tributaria.

Tras la derrota en la elección de julio de 2013, Édgar continuó ofreciendo apoyos a través de su asociación civil. Pero al año siguiente sufrió lo que en una conferencia de prensa calificó como “un atentado”: iba manejando en la carretera y un auto lo obligó a salirse del camino provocando que volcara. Responsabilizó del ataque a Lorenzo Lavariega, alcalde de Huatulco de 2010 a 2013 por la coalición Unidos por la Paz y el Progreso (PAN, PRD, PT y Convergencia), célebre en las redes sociales por prohibir que las empleadas del municipio usaran minifaldas y ropa ajustada.

En febrero de 2015, Lavariega renunció como candidato de Morena a la diputación federal por el distrito 10 con cabecera en Miahuatlán, argumentando una campaña mediática en su contra para vincularlo con la delincuencia organizada. El político señaló a su vez a Édgar como el “operador priista” que orquestó los ataques, según una nota publicada en el diario local Publimar.

Ese mismo 2015, seis días antes de su asesinato, Édgar festejó su cumpleaños número 36 e hizo gala de que, a dos años de las elecciones en las que contendió con Nueva Alianza, mantenía su capital político.

El reportero miembro de la APO cuenta que Édgar le llamó por teléfono para invitarlo a su fiesta, pero prefirió no asistir. Después supo que acudieron alrededor de 4 mil personas, que las cervezas eran tantas que tuvieron que ser transportadas en un tráiler y que se contrató a cuatro grupos musicales. Medios locales publicaron que el evento fue en el rancho familiar de Huatulco, donde vivían los padres del contador, y que incluso hubo carreras de caballos.

“Yo traje los caballos, llegó muchísima gente, ya se estaba postulando para la que venía. Hubo música, cerveza, mezcal en garrafones”, confirma Mendoza. En algunas fotos de la prensa apareció él festejado con su esposa y sus dos hijas. Según su amigo, prefería que ellas pasaran la mayor parte del tiempo en la ciudad de Oaxaca, donde residían. Valdivia y Aquino, aunque fueron invitadas a la celebración, tampoco asistieron.

“Había quedado con Édgar por Messenger de vernos justo ahí en su comida, porque estaba por (colaborar en) la próxima jornada electoral. Me dijo ‘vente a la comida y ahí nos vemos’, pero ya no fui. Entonces le mandé un mensaje un día antes de que falleciera, le pregunté si seguía en Huatulco (porque iba y venía de Oaxaca) y me contestó `sí, nos hablamos para vernos’”, recuerda Aquino.

El músculo político que mostró Édgar en su fiesta se perdió después de su asesinato. El ataque fue tan agresivo que impactó a testigos, conocidos y a su propia familia.

A las 20:30 horas del 9 de julio de 2015, los bares del centro de Huatulco estaban llenos, la mayoría con turistas y residentes locales que querían ver el partido de México contra Cuba de la Copa Oro. Édgar estaba en el bar Kábala acompañado de algunos amigos. Mientras a miles de kilómetros, en el estadio Soldier Field de Chicago, miles de espectadores vibraban en las gradas, Édgar, en Huatulco, festejó el primer gol de su país. Al final del primer tiempo, en una y otra ciudad estaban eufóricos porque México tenía ventaja de 4-0.

Édgar ya no vio completa la segunda parte del partido. Portales web reportaron que, cerca de las 22:00 horas, dos sujetos entraron al bar y le dispararon. Herido, corrió entre decenas de personas espantadas, pero dos cuadras después lo alcanzó de frente un tercer asesino y le disparó. Su cuerpo, vestido con pantalón de mezclilla y camisa a cuadros, cayó de espaldas junto a un bote de basura, en una esquina del parque central de La Crucecita.

Esta fue la imagen que, minutos después, empezó a circular en los WhatsApp de algunos reporteros y sitios web. Unos titulares enfatizaban su condición de excandidato de Nueva Alianza y otros su cargo como “director de un portal de noticias”.

La organización Artículo 19 condenó al día siguiente el ataque en su cuenta de Twitter: “El asesinato de Édgar Hernández es el tercero de un comunicador en Oaxaca ocurrido este año”. Ahí siguió la confusión.

Su homicidio, como el de tantos reporteros y reporteras, lleva más de tres años en la impunidad. La Fiscalía General del Estado de Oaxaca respondió, el 26 de septiembre de 2018, a una solicitud de información pública, que la Vicefiscalía Regional de la Costa de la Fiscalía de Delitos de Alto Impacto tiene “un legajo (…), el cual se encuentra aún en proceso de investigación, no habiendo ninguna orden de aprehensión”.

Las fuentes consultadas aseguran que la familia no quiso saber más del asunto. La viuda y las hijas de Édgar residen en la ciudad de Oaxaca, y sus padres en el rancho de la familia. Su hermano Stuart, de la mano de Nueva Alianza, quiso aprovechar la oleada afectiva que dejó y se lanzó también como candidato a la alcaldía de Huatulco en 2016. Tampoco ganó.

El reportero que pide el anonimato comenta que, después del crimen, solo hubo una marcha para exigir justicia. “Ya no fueron 4 mil personas como en las fiestas, sino unas 200. Su base social se diluyó, quién sabe si por miedo”.

En la prensa local tampoco se dio seguimiento al caso. “Nunca intenté meterme en ese tema, pues decían que (su asesinato) había sido por el dinero que manejaba, pero también se afirmaba que había sido una revancha política; otra versión era que él también mandó matar a alguien”, refiere Aquino. Hasta hoy nadie sabe, ni ha querido saber.

 

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