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ANABEL FLORES SALAZAR

Orizaba, 1984-2016
Asfixiada.
Tres detenidos.

POR JAZMÍN SUAZO

Anabel Flores Salazar redactaba a diario cuatro o cinco notas policiacas para el diario El Sol de Orizaba. Los hechos que cubría reflejaban la violencia creciente en la zona centro de Veracruz: una muerte aquí, una balacera allá, un secuestro más.

El 8 de febrero de 2016, José —un amigo cercano de la periodista que pide no revelar sus apellidos— recibió una llamada que le erizó la piel: “¿Ya te enteraste? Se llevaron a Ana”. Casi 30 horas después, el teléfono volvió a sonar. Una voz confirmó lo que más temía: “La encontraron. Está muerta”. José no pudo estar en su funeral, solo elevó una oración.

Egresada de la carrera de Ciencias de la Comunicación por la Universidad del Golfo de México en Orizaba, Anabel realizó sus prácticas profesionales en la edición local del periódico El Mundo. Ahí fueron también sus inicios, como reportera en la sección Expediente. Después se fue abriendo camino: cubrió información general y regional, pero se interesó más por la nota roja.

José era un experimentado periodista cuando Anabel comenzó a trabajar en el diario. Le brindó su ayuda, y la amistad entre ambos permaneció porque les unía la pasión por el futbol. Ella le iba a la Máquina Celeste del Cruz Azul, y él al Club América. Cuando había oportunidad, apostaban. Solían tomar unas copas en algún bar de la ciudad.

“Íbamos los jueves, a las chelitas de a peso”, dice José en un café de Orizaba. “Me pidió que le enseñara a reportear la nota policiaca. Era muy atrabancada. Siempre se caracterizó por ser atrevida (…) Se metía hasta donde fuera para tener una buena foto o un buen reportaje. La cuidábamos mucho porque era mujer. Después competíamos por quién tenía la mejor nota del día siguiente”.

Aún se percibe indignación en sus amigos por lo injusto de su muerte; algunos prefieren no hablar. Ese invierno, la noticia se extendió como la pólvora. La mujer aguerrida, que celaba a sus fuentes, había sido asesinada.

Los días que siguieron al crimen fueron difíciles para el gremio. Hubo miedo; algunos reporteros pensaron en exiliarse, otros optaron por la autocensura, pero el temor poco a poco se fue desvaneciendo, aunque los tiempos actuales son igual de difíciles.

Anabel era madre soltera de dos pequeños: uno de tres años, y otro de dos semanas de nacido que, según sus conocidos, no alcanzó a registrar. La periodista había sido pareja de Alejandro Báez Juárez, un policía municipal que se convirtió en comandante de la corporación en Nogales, publicó Laura Rojas en blog.expediente.mx.

El cuerpo de la reportera fue hallado la mañana del martes 9 de febrero, semidesnudo y maniatado, en la cuneta de la autopista Cuacnopalan-Oaxaca, a la altura del kilómetro 1+580, en el municipio poblano de Palmar de Bravo, apenas a media hora de su domicilio. Las causas fueron “asfixia mecánica por sofocación” —su cabeza estaba cubierta con una bolsa de plástico— y contusión de tórax causada por los golpes que sufrió.

En la madrugada del día anterior, un grupo de hombres uniformados como militares —según describieron los familiares—, que portaban cascos, pasamontañas, chalecos y armas largas, irrumpió en su casa y la buscó por las habitaciones hasta encontrarla. Se la llevaron a rastras.

Anabel colaboraba como reportera freelance en El Sol de Orizaba. Había sido despedida en septiembre de 2014 de El Buen Tono tras constatarse, informó el medio en un editorial, que “su nivel de vida no correspondía con el sueldo que percibía en la empresa”. Su salario de 6 mil pesos mensuales, declaró José Abella, director del periódico, no le permitía costearse una camioneta Jeep Patriot; también la acusó de tener vínculos con la delincuencia organizada.

Para sus colegas, era una mujer sencilla. En las fotografías que aún circulan por la red aparece sonriente, sin joyas ni lujos. Su vivienda de dos plantas se ubica en un fraccionamiento de interés social, en el municipio de Mariano Escobedo, a 15 minutos del centro de Orizaba, una ciudad a la que se accede por la carretera Veracruz-México, una importante vía para el trasiego de drogas.

Horas después de su secuestro, el entonces titular de la Fiscalía General del Estado (FGE), Luis Ángel Bravo Contreras, del gobierno del priista Javier Duarte (2010-2016), aseguró en un comunicado que se indagarían “todos los probables vínculos” de la reportera.

“Como el del 30 de agosto de 2014 en Acultzingo, cuando se encontraba en compañía de Víctor Osorio Santacruz, alias El Pantera, que fue detenido en ese momento por elementos del Ejército mexicano por sus probables nexos con un grupo de la delincuencia organizada”, agregó.

En una nota publicada por Imagen del Golfo, la familia de Anabel aclaró que, ese día, celebraban el cumpleaños de la periodista en un merendero local cuando el lugar fue acordonado por el Ejército. Al ver que los soldados cortaban cartucho, Anabel comenzó a sacarles fotos; cuando se dieron cuenta, la rodearon y, aunque ella se identificó como reportera, le borraron las imágenes. En ese operativo fue capturado el Pantera.

Un grupo de reporteros de Veracruz pidió en una carta que la FGE dejara de criminalizar sin fundamento a reporteros como Anabel. “¿No quieren que escribamos tragedias? Dejen de provocar tragedias. (…) La prensa solo somos un espejo de la vida real. Nosotros no inventamos nada, solo anotamos”, señalaron.

Desde el asesinato de Anabel, su nombre y su imagen aparecen, ocasionalmente, en manifestaciones o marchas, principalmente de periodistas que exigen justicia para una nueva víctima del gremio que se suma a las cifras rojas del estado, que no garantiza condiciones seguras para ejercer el oficio.

Un colega de la periodista, que pidió el anonimato, la recuerda como una profesional que aprendió rápido el oficio; una mujer atrevida, intrépida y mal hablada. El día anterior a su secuestro, un domingo, avisó a sus compañeros de la que sería su última nota firmada: “Ha volcado un tráiler”.

“Sí dolió. Nos pegaron de cerca. La noticia nos dejó mal. Había miedo entre los mismos reporteros, pero después tuvimos que seguir cubriendo las notas policiacas; ella tenía bien trabajadas sus fuentes, era buena en lo que hacía”, asegura otro colega de Anabel, que pide no mencionar su nombre.

Solo habían pasado cuatro días desde el asesinato de la periodista cuando Duarte escribió en su cuenta de Twitter: “A Josele Márquez (a) El Chichi se le relaciona (…) con la autoría intelectual del asesinato de la periodista Anabel Flores“. Considerado el líder regional del grupo criminal de Los Zetas, había sido capturado el 2 de febrero de 2016.

En agosto, Bravo Contreras dio a conocer la detención de Manuel “N”, el Cachorro, identificado como el jefe de Los Zetas en la zona de Córdoba y Orizaba. Se le acusó del secuestro y asesinato de Anabel.

Por instrucciones de la Fiscal Sexta de la Unidad Integral de Procuración de Justicia, el 1 de diciembre de 2016 se inició el proceso penal 34/2016 en el Juzgado Primero de Primera Instancia de Orizaba contra el Cachorro y contra Gonzalo Paulino Vélez, el Gonzo —a quien se le aplicó prisión preventiva—, por los delitos de homicidio doloso y robo de vehículo.

La investigación por el asesinato de la periodista sigue abierta bajo la carpeta UIPJ/D-XV/F1º/211/16, en la Unidad Integral de Procuración de Justicia del XV Distrito de Orizaba. La Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión inició la averiguación previa 7/FEADLE/2016 por el homicidio, que también permanece abierta.

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